Anjel Ordóñez
Anjel Ordóñez
Periodista

Machismo armado

Hoy día, la mitad de las armas de fuego que poseen los civiles en el mundo está en manos de estadounidenses. Más de 310 millones de unidades potencialmente mortales.

La Constitución de los Estados Unidos es la segunda por orden de antigüedad en la historia política del mundo: fue aprobada en 1789. Solo la Carta Magna británica la supera en longevidad. A pesar de su precocidad, la ley suprema norteamericana ya contemplaba a finales del siglo XVIII una amplia protección de derechos fundamentales, como la que compila la Primera Enmienda, que prohíbe la aprobación de cualquier ley que atente contra la práctica de una religión, que reduzca la libertad de expresión, que vulnere la libertad de prensa o que limite el derecho de reunión.

Pero no todas las enmiendas aprobadas por el Congreso tuvieron el mismo corte progresista. La Segunda, por ejemplo, protege el derecho del pueblo estadounidense a poseer y llevar armas sin apenas restricciones. Esta norma se entiende sin dificultad en el contexto histórico en que ve la luz, caracterizado por la débil presencia del Estado en amplias zonas del territorio, y en el que las armas fueron claves para la supervivencia, herramientas necesarias para la caza y la autodefensa. Hoy día, la mitad de las armas de fuego que poseen los civiles en el mundo está en manos de estadounidenses. Más de 310 millones de unidades potencialmente mortales. Y una de cada cinco no está sujeta a ningún tipo de control: su venta está más o menos regulada en los establecimientos de compra física, pero su circulación por internet está libre de cualquier tipo de inspección.
Este análisis, realizado desde Europa, apunta sin ningún género de duda a que la segunda enmienda es un texto legal letalmente anacrónico: la persona que decide comprar un arma es porque, en uno u otro momento, está dispuesta a utilizarla. Y no pocas veces, al margen de los preceptos que contempla la ya laxa regulación norteamericana. De hecho, en lo que va de año ya se han registrado más de trescientos tiroteos masivos.

El problema es que el modelo que defiende la todopoderosa Asociación Nacional del Rifle sigue muy arraigada en la población. Sobre todo en la masculina. Otro dato: más de 1.500 mujeres mueren cada año víctimas de la violencia machista en los EEUU. La mitad, por arma de fuego.

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