EI vértigo es un trastorno del equilibrio caracterizado por la sensación de que el entorno está girando, aunque en realidad esté quieto. En el diccionario tiene una segunda acepción, que relaciona el término con la turbación del juicio, repentina y pasajera. Y una tercera: «apresuramiento anormal de la actividad de una persona o colectividad». El PNV tiene vértigo. Las reiteradas declaraciones de Aitor Esteban, en las que da por terminada la legislatura y reclama elecciones anticipadas, son un síntoma evidente del terror que siente el entorno jeltzale a quedarse quieto y dejarse arrastrar por la dinámica de acoso y derribo que está sufriendo el Gobierno español. En Sabin Etxea contemplan cómo diversos sectores empresariales ligados a medios de comunicación ya han comenzado a reacomodarse ante la eventualidad más que probable de que se produzca un cambio en el timón a corto plazo. Y notan el sudor de la angustia. Pero las prisas nunca son buenas consejeras. Está claro que Sánchez está acusando el severo (veremos si definitivo) desgaste que provoca la ofensiva global de la ultraderecha. También que la certeza sobre la corrupción es como la letra de Robe: la he tenido tantas veces que perdí la cuenta. Pero correr a ponerse en primera fila para abandonar el barco denota ese vértigo o, aún más, sensación apremiante de evacuar. Ocurre que esa presión no solo le llega a los de Esteban desde Madrid. Los últimos resultados de la encuesta EiTB Focus confirman que, a un año de la próxima cita electoral municipal y foral, EH Bildu no solo ha compactado su base de apoyo social, sino que sigue creciendo y amenaza seriamente con superar a los jeltzales allí donde no lo ha hecho ya. Entiendo que Esteban no lo tiene fácil, pero la ansiedad siempre empuja hacia el abismo. El PNV, ahora mismo, se asoma a ese vacío en cuyo fondo ve la negra oscuridad de un gobierno tutelado por Vox. Y el vértigo se torna pavor ante la eventualidad de una moción de censura. Cuando el vendaval se vuelve galerna y amenaza la zozobra, es cuando el piloto debe mostrar aplomo. Nunca vértigo.