Arturo Puente
Arturo Puente

Agua en los camarotes de Felipe VI

Los naufragios siempre comienzan por la bodega. La Monarquía no tiene pinta de hundirse pero puede llegar algo de agua a los camarotes. ¿Van a estar todos dispuestos a mojarse?

No es bueno confundir los deseos con la realidad, pero tampoco la inercia con la política. Aunque la Monarquía española no va a caer en dos días, ni probablemente en cuatro, es útil contemplar como durante este último año no ha parado de cometer errores de bulto. Casi en cualquier cosa que podía meter la pata lo ha hecho. Primero en la salida del emérito y todo lo que rodeó a la gestión. Después en no hacer nada con la brecha política que abrió en el Congreso y en el Gobierno. Finalmente en su escasísima referencia pública en el discurso de Navidad, que es en sí mismo un mensaje muy contundente.

En España faltan monárquicos que puedan dar a la familia del rey buenos consejos sobre cómo actúa un monarca del siglo XXI ante un escándalo como el de su padre. O falta un rey que los escuche. En los días previos al mensaje navideño se nos bombardeó diciendo que el rey «lo tenía muy difícil». No es verdad y además no tiene sentido. Si el rey no lanza un mensaje contundente a las instituciones del Estado que encabeza, en público y en privado, sobre hasta donde puede llegar la acción política y judicial respecto a su padre, es porque no quiere.

Porque no le da la gana. Porque prefiere mantener el sobreentendido de que no se puede husmear en zonas medulares y de que cada paso que se dé debe ser pautado. Por eso la Fiscalía le avisa de sus investigaciones. Por eso la Mesa del Congreso veta toda iniciativa de fiscalización. Por eso una parte importante de la prensa no habla y no ocupa portadas. El rey hace tiempo que podía haber intervenido de forma contundente respecto a lo de su padre. Si no lo hace es por una decisión propia, política, que cree que le beneficia.

La pregunta ya no es si le beneficia, sino hasta cuándo. Y aún más, a qué precio. Sánchez y su Gobierno han mostrado apoyo inquebrantable, pero también empujan para que haya gestos más contundentes. Los naufragios comienzan por la bodega. La Monarquía no tiene pinta de hundirse pero puede llegar agua a los camarotes. ¿Van a estar todos dispuestos a mojarse?

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