Arturo Puente
Arturo Puente

Desmovilización ambiental

La desmovilización es una realidad entre la izquierda española. Sí. Pero no es ambiental ni responde a razones indescifrables. No sale de la nada ni puede combatirse con simples estrategias de marketing

El Gobierno de Pedro Sánchez cree que lucha contra dos enemigos vaporosos. El primero es el «lawfare», un concepto al que los socialistas han llegado tarde pero al que se han agarrado como si fuera la última cantimplora del desierto. Tienen razón en estar preocupados, porque, como las meigas, «lawfare» haberlo, haylo. Pero no todo es una conspiración ni eso justifica eludir la rendición de cuentas.

Lo segundo que angustia a la Moncloa es lo que algunos describen como un «estado de desánimo» en la izquierda. Interpretan que su electorado, y el de sus socios, se ha dejado arrastrar hacia posiciones derrotistas y apáticas. Creen que los votantes que por la mínima les mantuvieron con vida en 2023 deberían seguir movilizados contra la extrema derecha, y se preguntan por qué no lo están, por qué sostener a este Gobierno ha dejado de ser un proyecto atractivo y por qué hay electores que quizá no irían a la urna en unas generales.

A mí se me ocurre que, además de preocuparse por los creadores de opinión interesados y guerras culturales, el PSOE debería mirarse más al espejo. Debería preguntarse si la gestión que están haciendo de casos de corrupción sentenciados, como el de Ábalos, o en ciernes, como el de Leire Díaz y Zapatero, está a la altura de lo que espera un ciudadano normal que no tenga el carnet del PSOE. Deberían examinar también si, más allá de su propia propaganda, la calle entiende de qué sirve la actual legislatura y si el votante de a pie encontrará suficientes razones para salir a defender las políticas de este Gobierno con su voto.

La desmovilización es una realidad entre la izquierda española. Sí. Pero no es ambiental ni responde a razones indescifrables. No sale de la nada ni puede combatirse con simples estrategias de marketing. Al contrario, está directamente vinculada a la actuación de sus referentes políticos. Bebe de la parálisis legislatitva del Gobierno y de la falta de respuestas ante los casos de corrupción que le acechan. Es lógico pensar que no hay futuro cuando quienes deberían demostrar que lo hay no son capaces de pensar a tres días vista.

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