Solo hay una cosa peor que la muerte, una muerte ridícula; y solo hay una cosa peor que la guerra, una guerra de coña. Lo que estamos viendo estos días con Donald Trump sobre Groenlandia es todo el tiempo alarmante pero, a ratos, también descacharrante. Y no lo señalo como algo que alivie en alguna medida el problema de tener al autócrata más poderoso del mundo amenazando nuestra civilización, sino como todo lo contrario.Que dé risa es el colmo de lo nefasto porque certifica que ya nada vale nada y que la realidad es solo uno de los relatos disponibles. Trump podría invadir mañana Groenlandia, o quizás no; imponer aranceles a toda Europa, o quizás solo a Dinamarca. ¿Sabe Trump que Groenlandia forma parte del reino de Dinamarca? En la carta que envió al primer ministro noruego parecía creer que era un territorio de Noruega. Es más, en alguna ocasión ha confundido Groenlandia con Islandia. ¿Sabe Trump exactamente de qué isla habla?La charlotada es colosal, pero tiene efectos muy reales. Las bombas que cayeron en Caracas fueron de verdad. Las personas a las que mata o detiene la Gestapo anti-inmigrantes de ICE, a punto de provocar un enfrentamiento civil dentro de EEUU, también son reales. La forma en la que está redibujando el mundo, política y económicamente, tiene efectos muy palpables para todos los que la sufren. Y, sin embargo, pese a todo eso, Trump hace reír a carcajadas porque como comedia del absurdo es sublime.Quien no debería hacer reír es la Unión Europea. Las viejas democracias liberales tienen en este momento enemigos en ambas bandas, pero uno de ellos, EEUU, ha sido además el supuesto garante de su seguridad durante los últimos 80 años. Entender la nueva realidad a la que se enfrenta el mundo es de importancia vital. Nadie sabe cómo manejar una situación tan absurda como la que ocurre con Groenlandia. Nadie está preparado para una política de la guerra que da risa. Pero es importante que Europa lo aprenda rápido porque este payaso es muy peligroso.