Arturo Puente
Arturo Puente

Los independentistas merecen perder

No por una cuestión de que les irá mejor después o de que necesitan tocar fondo para rehacerse, nada de eso. Les irá peor si pierden. Y por eso merecen perder.

Es fácil dejarse llevar por el sentimentalismo, pensar en las personas que están en la cárcel o lejos de sus casas, a los que la justicia les ha perseguido con la saña de quien solo tiene la fuerza bruta para gestionar un conflicto político. Es cómodo pensar que la situación humana por la que atraviesan tendrá fin, o al menos estará más cerca de resolverse, si el independentismo tiene fuerza en las urnas.

Pero si algo ha sobrado en Catalunya en los últimos tiempos es emocionalidad, mientras ha faltado cabeza fría y estrategia. Desde este punto de vista es obvio que el independentismo, el institucional, el de los partidos y el de calle, lleva haciéndolo todo mal, rematadamente mal, prácticamente cuatro años. Tanto que merece perder las elecciones. No por una cuestión de que les irá mejor después o de que necesitan tocar fondo para rehacerse, nada de eso. Les irá peor si pierden. Y por eso merecen perder.

La gestión de su derrota que ha hecho el movimiento político del 1-O ha sido espectacularmente torpe. Han convertido la sana discrepancia en constante berrinche, han abandonado cualquier intento real por acaparar o mantener cuotas de poder político, han sido negociadores pésimos cuando han tenido ventaja. Han caminado por el peligroso alambre de banalizar la represión de los de la otra facción. Han renunciado a tratar de entender un país tan complejo, para que la realidad no estropease un relato que se sostiene por un hilo. Han sido pesados hasta la extenuación, cursis hasta la náusea, simplistas y maniqueos como niños pequeños, tan autorreferenciales que se hace difícil entenderlos.

El independentismo catalán se ha creído en demasiados momentos su propia propaganda, lo ha fiado todo a generar simpatía o pena y no ha hecho nada para ganar autoridad ni influencia. Tras chocar de bruces en 2017 con la evidencia, tres años después no han dado ni siquiera un solo paso para estar mejor preparados, para tener más opciones o para no generar rechazo a medio país. En definitiva, el independentismo merece la derrota electoral. El único problema es que no la merece más que sus oponentes.

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