César Manzanos
César Manzanos

Antipolítica judicial

Jueces, políticos y legisladores se han pasado por el forro los derechos constitucionales, han privatizado el Estado y la justicia, expandido sus privilegios de clase.

El debate sobre la renovación del «Consejo General del Poder Judicial», es la disputa sobre el control partidista y tecnocrático-corporativo de un ámbito del Estado, cuya función histórica no ha sido garantizar derechos y libertades para todas las personas, sino legitimar las decisiones tomadas por instancias externas al propio estado a quienes este rinde pleitesía. Instancias que han puesto permanentemente la justicia, al igual que al poder legislativo y ejecutivo, al servicio de un poder que no reside en las instituciones formales «democráticas», sino en corporaciones supraestatales y mercantiles controladas por élites informales de poder. En definitiva, un poder judicial dedicado a reproducir un modelo socioeconómico cuyo desarrollo ha sido favorecido por un peculiar «garantismo», cual es, garantizar que el ánimo de lucro, la concentración patrimonial y la acumulación de capital sean los motores de la vida social, a cualquier precio.

Jueces, políticos y legisladores se han pasado por el forro los derechos constitucionales, han privatizado el Estado y la justicia, expandido sus privilegios de clase. Han instaurado una justicia vengativa y legitimadora de una normatividad fundamentada en el derecho de imposición, no de convicción, de justicia social. No olvidemos que, en cuanto a su extracción social, pertenecen de un modo aplastante a las clases ricas o enriquecidas mediante el estatus y riqueza que les ha conferido su posición dominante.

Solo desde aquí se entiende que lejos de avalar la construcción de una sociedad más justa e igualitaria, la judicatura haya sido quien con mayor profusión ha potenciado su uso bélico e implantado un derecho, en todos los ámbitos jurisdiccionales, adherido a grupos de presión contrarios a la defensa de los principios formales que habrían de hacer valer. Cómo transformar esta dependencia y supeditación del denominado Poder Judicial, habría de ser el auténtico debate, de lo contrario, lo que va a ocurrir es que finalmente serán los mismos jueces, con distintos collares.

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