César Manzanos
César Manzanos

Violencia farmacológica

Quienes más se están forrando, y continuarán haciéndolo, son las industrias farmacológicas, con la gestión agónica de la administración a cuentagotas de las vacunas, y con el incremento exponencial en sus ventas de ansiolíticos, antidepresivos y psicofármacos.

A este mercantilismo de acumulación, totalmente desbocado, que nos está llevando al desastre, le vale todo con tal de hacer negocio. No le importa que el número de personas muertas directa o indirectamente por la pandemia se eleve a cientos de miles, que millones nos veamos condenadas a la pobreza. No le importa que hayamos renunciado a nuestra libertad de movimiento, suspendido nuestras relaciones personales, aplazado nuestras vidas. En eterna espera del final de una pesadilla que parece no llegar nunca y que está organizada para que jamás termine, a la vista de los intereses que la están gestionando, ajenos a la protección del derecho a la salud y la vida. No le importa nuestro malestar social y psicológico, nuestra angustia, nuestra ansiedad, nuestra depresión ante tanta privación e incertidumbre impuesta. Lo único que les importa a quienes se lucran con todo ello es utilizarlo para incrementar sus tasas de ganancia.

Y quienes más se están forrando, y continuarán haciéndolo, son las industrias farmacológicas, con la gestión agónica de la administración a cuentagotas de las vacunas, y con el incremento exponencial en sus ventas de ansiolíticos, antidepresivos y psicofármacos. Ante esta emergencia mundial, los gobiernos y organismos internacionales no obligan a las farmacéuticas a liberar las patentes acelerando la vacunación de toda la población del planeta. Lejos de ello, las han financiado con dinero público para fabricarlas, y ahora las venden a los Estados para volver a pagarlas con nuestros impuestos. Negocio redondo. Resulta terrorífico el poder que ostentan, hasta el punto de tener la solución en su mano y, sin embargo, dedicarse a negociar con la muerte escudándose en una supuesta incapacidad de abastecer al mercado. Pero lo más grave de esta cruel violencia, es que tanto las farmacológicas, como los gobiernos de los países enriquecidos y sus élites de poder, se presentan como nuestros salvadores, cuando en realidad son nuestros verdugos.

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