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Reflexiones globales en medio del caos

En 2015 París sufrió el peor atentado yihadista de su historia. No solo la capital francesa. También Túnez, Malí, Chad y Nigeria padecieron los ataques más graves que habían conocido hasta el momento, según recordaba en Twitter el periodista Xavier Aldekoa. La siniestra lista de 2016 se completa con Burkina Faso, Costa de Marfil y, desde hoy, Bélgica. A estos cientos de víctimas hay que añadir a los sirios e iraquíes que caen diariamente en esas guerras en las que nadie se queda fuera de meter mano. «No es Europa. Es el mundo», insistía el informador, que conoce bien las atrocidades de Boko Haram en diversos países africanos. Sin embargo, muchas reacciones a la matanza de hoy en Bruselas se inscriben en la lógica de la «guerra de civilizaciones», de la agresión al «european-way-of-life», si es que eso significa algo, obviando que la mayor parte de las víctimas del yihadismo a escala mundial son musulmanes. 

En medio del caos, el dolor y el ruido buscamos certezas que nos expliquen el mundo de un modo infalible. Poder decir «esto es así» sin temor a la incertidumbre. La islamofobia y la conspiranoia son dos caras de esa misma simplificación. Por el momento, la primera tiene muchos más adeptos. Es evidente que la primera consecuencia de los atentados son las vidas que se han llevado por delante. Pero habrá más. Y temo que buena parte de ellas las sufrirán las miles de personas que tratan de llegar a Europa escapando de esos mismos yihadistas y de la sangría eterna que ha permitido su auge. Basta con recordar los textos de «Dabiq», la revista del ISIS, para dejar claro que ni los refugiados ni los musulmanes que residen en el viejo continente son del agrado del califato. Atacar aquí y extender la sospecha contra colectivos vulnerables puede ser otro tanto que traten de apuntarse quienes perpetran estas matanzas. 

Tampoco creo que la ingenuidad sea la receta. Es verdad que Europa está en el punto de mira del yihadismo. Existe una agenda global y sin un análisis completo no encontraremos soluciones reales. Es imprescindible atender a cuestiones tan distintas pero tan ligadas como las consecuencias de las agresiones militares en Oriente Medio o la marginación de buena parte de la población de origen musulmán que, pese a ser ciudadanos europeos, son tratados como extranjeros en su propio país. Vivimos tiempos tenebrosos y hoy no es el mejor día para ejercer de analista geopolítico. Los días del shock suelen ser jornadas de brocha gorda. No nos dejemos llevar por quienes quieren apagar los incendios con gasolina.

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