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Callejeros en Corella

Callejeros en Corella

El descamisado vástago de Miguel Sanz amenazando a un periodista y la señora del expresidente, vociferando contra la «matraca» que a su juicio acarreaban los informadores constituye el vivo ejemplo de la supervivencia del caciquismo en el siglo XXI en Nafarroa. No sé si han visto el vídeo. Apareció el jueves en Cuatro. Uno de estos «periodistas intrépidos» que plagan los programas de sobremesa se planta en la hacienda corellana del antiguo todopoderoso jefe de UPN y toca el timbre para preguntarle sobre el saqueo de la CAN. Enfurecida, la mujer de Sanz grita que le dejen en paz y amenaza con soltar a los guardaespaldas, de los que habla como si de perros guardianes se tratasen. El hijo, a quien le pixelan el rostro pero que parece salido de la versión ribera de «Callejeros», trata de intimidar al informador, que mantiene ese estilo listillo que tanto suele irritarme pero que, por una ocasión, aplaudo.

La seguridad de saberse intocable constituye una de las características de la casta política foral y española que más me incendia. Se expresa perfectamente en la reacción de los Sanz ante los interrogatorios de la prensa, en esa incredulidad indignada que parece decir: «¿Que me señalan por unas decenas de miles de euros? ¿Pero no saben quién soy yo?» También podemos verla en las afirmaciones de Yolanda Barcina de que todo el mundo lo hacía, repartiendo culpas, como si usted, yo o el vecino de enfrente nos hubiésemos embolsado 3.000 eurazos a la hora a través de maniobras. O de Roberto Jiménez, el colmo del cinismo, que insta a la presidenta a dimitir cuando él también participó en esa bacanal monetaria.

Reviso la hemeroteca y, en un breve googleado, encuentro a Barcina afirmando que «superar la crisis implica hacer más con menos», es decir, cobrando menos. Y que «nos toca a todos apretarnos el cinturón». Hay que tener el rostro de cemento armado. ¿Cuántos menús infames de Mediterránea de Cátering se pagan con lo afanado?

Ahora, enfangados hasta arriba en el dinero sucio que amasaron, dicen los jerifaltes de UPN que devolverán el dinero. Y vuelven a darnos una lección de soberbia. Tengo por seguro que los veremos, en actitud chulesca, perdonándonos la vida por entregar los fondos que jamás debieron arramplar. Terminarán exigiéndonos que les demos las gracias. No se cuánto más estamos dispuestos a aguantar. Aunque estoy seguro de que el zar también pensaba que duraría para siempre.

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