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«Contigo no, bicho»

Podemos actúa hacia EH Bildu como Ruth, la desconocida mujer que rechazó mediante un «contigo no, bicho» a un chaval llamado Carlos en un popular vídeo de Youtube. Como veníamos publicando desde hace días, no habrá pacto que defienda en el Congreso español las bases del Gobierno de Nafarroa, que es el único que ha logrado impulsarse al margen de los partidos del régimen. Lo ha tenido que confirmar Pablo Iglesias a 500 kilómetros de Iruñea, que es donde se deciden las cosas importantes en las franquicias. El argumento no es nuevo: miedo a que una alianza en la que aparezca EH Bildu pudiese afectar a sus resultados al sur del Ebro. Descartado el proceso constituyente y reducido el «cambio» a un Ejecutivo con Ferraz si dan los números, va a ser que las banderas importaban más de lo que nos decían.

No debería sorpender que el nacionalismo español imponga sus intereses partidistas a los de la  ciudadanía navarra. Siguiendo la senda del PSN, Podemos sabe que los cinco escaños que se reparten en el herrialde son un sacrificable botín. Una lista unitaria que defendiese el acuerdo programático foral podría alcanzar tres diputados. La formación morada calcula que, en solitario, puede hacerse con los dos que actualmente tiene. ¿Para qué molestarse? Tampoco sería honesto echar todas las culpas a Madrid. Al contrario de lo que ocurrió en mayo de 2015, cuando era un clamor la necesidad de apoyar a Uxue Barkos como candidata del cambio más votada, ahora era mayoritaria la corriente que abogaba por ir solos. Así que poco había que hacer y el paripé de los últimos días tiene más que ver con las tradicionales intrigas palaciegas de Podemos. 

Obviamente, cada partido puede establecer sus pactos y elegir sus compañías. Faltaría más. Aunque duele, y mucho, el «cordón sanitario» que impone quien supuestamente defiende principios democráticos pero termina acomodándose a las mismas frases hechas que impone el «establishment». A nadie le va bien que le rechacen, pero considero que Podemos debería ser honesto al hablar de las razones del veto. No es por independentista. Es por ser EH Bildu. En Galiza, Anova (escisión de BNG), forma parte de la Marea desde el principio. Y no creo que Xosé Manuel Beiras se haya convertido al patriotismo de «la gente», que es como se nombra ahora a la España de toda la vida. Así que es de un cinismo extremo presentarse como el campeón de la izquierda (o del pueblo, según corriente) y aplicar la excepcionalidad a un sector político al que tratan como si deseasen que no existiese. Luego vendrán a contarnos que confían en la posibilidad de democratización del Estado. 

Entiendo que algunas de las frases que suelta Iglesias no son de su gusto. Estoy seguro de que él preferiría decir otra cosa y que argumenta lo que puede dentro del terreno en el que le dejan. Sin embargo, siempre me planteo lo mismo: si se renuncia a hacer pedagogía o a hacer algo distinto, ¿no hurtamos a la sociedad la posibilidad de evolucionar hacia posiciones más democráticas? Por desgracia, sigue vigente lo que escuché a un líder del partido morado en Madrid que, hace un tiempo y dirigiéndose medio en broma medio en serio hacia un militante independentista vasco, le espetó «con vosotros ni con un palo». 

 

 

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