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Derecho a ofender y ser ofendido, pero no a censurar

La frase hecha de que «la libertad de uno termina cuando empieza la de los demás» es un cuento chino. Si la siguiésemos a pies juntillas nos encontraríamos acorralados entre los gruesos muros de lo políticamente correcto, con las manos atadas, la boca cosida e imposibilitados para decir nada que choque con las creencias del vecino. La censura no puede regir nuestras vidas, aunque lo que digamos moleste a alguien. Esto funciona en todos los sentidos: defender la libertad de expresión es importante cuando concuerdas con la ofensa pero mucho más cuando eres tú el ofendido. El artista Abel Azcona ha soliviantado a grupos de católicos por una exposición en la que forma la palabra «pederastia» con hostias consagradas. Y estos han reaccionado con toda la artillería: moción de UPN, concentraciones ante el Ayuntamiento, denuncia de la delegada del Gobierno español e incluso dos misas de «desagravio». Acciones todas estas respetables, faltaría más, pero que en ningún momento dedicaron a las víctimas de sacerdotes con manos largas, que ya son legión.

 

 

Entiendo que el alcalde de Iruñea, Joseba Asiron, haya tomado una posición de defensa de la convivencia y recomiende al autor que reconsidere su obra. Es su papel como primer edil de todos, también de quienes no le votaron. De hecho, casi hasta sorprende, teniendo en cuenta que en la capital navarra estábamos acostumbrados al sectarismo de UPN y PSN, expertos en gobernar solo para su parroquia. Digo que comprendo, no que comparta. Creo que ante las presiones de estos lobbys hay momentos en los que es necesario poner pie en pared. Aunque reconozco que no es batalla fácil en una ciudad con tanto olor a incienso como nuestra católica Iruñea.

No obstante, resulta especialmente significativo que el despliegue de medios de los sectores más conservadores llegue ahora. El primer tuit explicando la acción es de agosto. Es decir, que se ha expuesto en otras ciudades sin ningún problema. ¿Tendrá que ver la campaña con el hecho de que EH Bildu lidere el Ayuntamiento del cambio? El mismo viernes, cuando se inauguró la obra, Madrid acogió una misa en la que la imagen de San Fermín tuvo que soportar a decenas de fascistas extaltando a Franco, responsable de la muerte de miles de personas. Nadie en la curia navarra levantó la voz. Ningún clérigo, párroco, capellán o seglar clamó escandalizado por una ceremonia en la que, ante el patrón de todos los navarros, se homenajeó a un genocida. Que los 200 conservadores que se concentraron ayer frente al Consisotorio iruindarra clamando por la «libertad religiosa» al tiempo que exigían el veto entra en la categoría del estrambote. Por suerte, solo UPN y PP defienden la censura, al menos en el Parlamento foral. Esperemos que nadie caiga en la tentación de intentar sacar tajada en el Ayuntamiento y cambie su voto para castigar al alcalde.

Abel Azcona tiene todo el derecho a realizar una «performance» de denuncia de los casos de pederastia en la Iglesia católica. Del mismo modo, los fieles al Vaticano están legitimados a sentirse ultrajados y expresar su malestar, pero no a prohibir según sus convicciones. Así funciona una sociedad democrática en la que la libertad de expresión está por encima del afán censor.

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