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Esparza tenía razón (en una cosa)

Entre navarrísimas proclamas autocomplacientes, Javier Esparza dio en el clavo en un asunto durante su intervención en el debate a ocho del lunes: «Transparencia es también decir qué pactos se van a mantener y qué se va a hacer con el voto». La discusión nocturna, en ocasiones pugna tabernaria por el volumen y el barullo, tuvo más relevancia por lo que no se dijo que por lo que se afirmó. Reiteradas una vez más las mil y una infamias del régimen y el gran fracaso de Yolanda Barcina, faltaba responder a las preguntas clave: qué se hace después, cómo y con quién. Afrontar una de estas cuestiones lleva irremediablemente a la otra. No es lo mismo la banca pública por la que abogan claramente EH Bildu, I-E o Podemos que el «instrumento de financiación público» de María Chivite (PSN), que sirve para vender humo y comprometerse en absolutamente nada.

Decir que los pactos se sopesarán con los resultados en la mano es un fraude. Se hurta a los votantes su derecho a elegir con todas las cartas sobre la mesa y se les trata como a menores de edad. Cierto es que las matemáticas marcan la línea entre el deseo y la cruda realidad, pero también lo es que delimitar tus posibles compañeros de gobierno o dejar claro a quién excluyes sirve para alterar los resultados. Hay quien se lo pensaría dos veces en apoyar a una opción que promete cambio y termina en lo de siempre. Si no, que se lo pregunten al PSN y a la cara que se les quedó a muchos de los que introdujeron el voto con el nombre de Fernando Puras en 2007. No contentos con eso, cuatro años después repitieron la jugada y Roberto Jiménez proclamó un «cambio necesario» que solo fue sensible para sus emolumentos.

Volviendo al debate, es evidente que el formato no ayuda y que únicamente los enfermos de la política aguantan el espectáculo. Sin embargo, ni siquiera ellos salieron con una idea clara de qué puede ocurrir a partir del 24. Es evidente que UPN está más solo que nunca y que se envuelve en la «navarridad» para tapar sus corruptelas. También que Adolfo Araiz y Uxue Barkos pugnan por liderar un cambio al que se da por supuesto que se sumarán IU y Podemos (estos últimos siempre con la espada de Damocles de los cada vez más jacobinos líderes de Madrid) y en el que pretende colarse por la puerta de atrás el PSN como si nada en los últimos ocho años hubiese ocurrido. Con este panorama, el votante tiene derecho a saber qué harán sus representantes y a quién pretenden arrimarse, basándose en políticas concretas. Tampoco podemos olvidar que si te engañan una vez la culpa es del trilero, mientras que si te la cuelan una segunda, la responsabilidad es solo tuya.

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