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Las disculpas de Fabra

Vaya por delante que no tengo fijación por Andra Fabra, la primogénita del pentacampeón de Lotería, Bonoloto y Quinielas, Carlos Fabra. Hace siete días ni sabía que existía. Pero, tal y como estaba previsto, protagonizó ayer el "medicesledigo" de la jornada parlamentaria por su ya famoso "que les jodan". Una guarnición que acompañó a los  aplausos de la bancada del PP mientras se anunciaban los enésimos hachazos sociales. Y tras presenciar la sucesión de los acontecimientos, uno no puede dejar de pensar que todo constituye un circo que intenta nublar el hecho puro y duro: que buena parte de sus señorías no tiene problema en joder, en su acepción más peyorativa, a una ciudadanía a quien alejan del Congreso casi como un "contigo no, bicho". Intenten acercarse ahora mismo a varias manzanas del hemiciclo y lo comprobarán.

Al final, lo de la Fabra me ha sonado a cuestión de clase. De la niña bien que recibe una pequeña reprimenda por un maestro que teme más la reacción del progenitor y que, en realidad, tampoco cree que la malcriada haya hecho algo demasiado malo al azotar al servicio. ¡Qué se van a creer los de abajo!

Vamos por el principio. Primero, Alfonso Alonso, el jefe parlamentario del PP, explica que la diputada ha sufrido una reprimenda verbal. Severo correctivo que tiene las consecuencias de "nada" y el grave perjuicio de "ninguno". Claro lo dejó el exalcalde de Gasteiz, casi compungido, apelando a lo "duro" que ha tenido que ser para la pobre Fabra junior recibir un tirón de orejas... en los apéndices auditivos de Jesús Posada.

Porquea aquí viene la segunda parte. Para desternillarse. Aparece el jefe del Congreso, el bonachón Posada, también con gesto adusto y solemne, y asegura haber citado en su despacho a la congresista lenguaraz para cantarle las 40. Y que ella, apenadísima, le ha entregado una carta de disculpa que procedo a incluir aquí.

¿Alguien vio a Fabra disculpándose? Lo que sí vimos todos fue cómo uno a uno, muchos de los parlamentarios del PP desfilaron por su escaño estampándole dos besos como si ella fuese la agredida. Como si las hordas de parados hubiesen mancillado su santo nombre, mientras ella solo pretendía defender el honor de su partido. Vale, que las formas no eran buenas, pero su corazón es puro. Y eso es lo importante.

Para qué mencionar que, ya que el Pisuerga pasa por Valladolid, la susodicha aprovecha su nota para alardear de los hachazos. Para decirles, con otras palabras pero igual contundencia, que "se van a joder", que aquí mandan ellos. Y que el escaño o, como el Borbón con el trono, bien vale una lágrima de cocodrilo. Lean, aquí, la carta de "disculpa". No tiene desperdicio.

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