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Las encuestas son actos de campaña

Las encuestas del fin de semana previo a las elecciones son el antepenúltimo acto de campaña de los periódicos para marcar tendencia hacia sus partidos afines. No quiere decir que se alteren los resultados lo suficiente como para que la cabecera pueda ser excesivamente dañada en su credibilidad, pero de lo que se trata es de crear estados de opinión, y aquí los pequeños detalles pueden resultar decisivos. Como, en general, el voto no militante tiene mucho que ver con los acontecimientos más cercanos a la jornada electoral y es más fácil depositar la papeleta en la urna cuando te sientes parte de la ola ganadora, resultaría estúpido no pensar que cada uno quiere generar las condiciones subjetivas para ver que su pequeño o gran objetivo está al alcance de la mano. No es cuestión de ponerse estupendo y decir que con este movimiento se falta a la falsamente sacralizada y mil veces veces vejada objetividad. Simplemente hay que reconocer que las cosas son así.

En los medios aparecen, al margen de las oficiales, que ya tienen lo suyo, dos tipos de encuestas: las filtraciones de prospecciones internas de partidos y las propias. Y todas ellas son intereses y todas tienen algo de realidad, la suficiente como para resultar creíbles y mover a la acción. Seamos realistas, ninguna formación filtraría un estudio que vaticina su descalabro. En el caso de los periódicos la cuestión no tiene tanto que ver con la sigla sino con el «establishment» y su posición respecto a él. Es evidente que el diario que ejerce de portavoz del régimen dibujará un escenario en el que UPN se encuentre con el agua al cuello para mover al votante derechista que, harto de la corrupción, quiere quedarse en casa. Del mismo modo, la cabecera partidaria de la alianza entre Geroa Bai y PSN ubicará a Uxue Barkos como líder natural del cambio y, por lo tanto, con iniciativa a la hora de establecer alianzas.

Si los «Sálvame» políticos de los sábados se han convertido en el nuevo parlamento ficticio, las encuestas forman parte de nuestra biblia del cuñadismo. Debatimos datos, estadísticas, tendencias. Nos reafirmamos, cuestionamos, criticamos y establecemos hipótesis. Pero, en realidad, todo es aire que deja cierto poso, que es el que buscan precisamente las cabeceras. La repolitización, que tiene mucho de necesidad urgente, ha terminado por convertir las charlas sobre política en una discusión más parecida a una competición deportiva, a quién puede «quedar primero» en términos de carrera, que a análisis de la realidad y vías para su tranformación. Y de esa banalización somos responsables todos.

El lunes estaremos estableciendo matemáticas sobre números posibles, ninguno irreconocible, y construyendo escenarios que se reforzarán o desmoronarán con las urnas. Pero no olvidemos que, hasta el viernes, seguimos en campaña. 

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