Koldo Campos
Koldo Campos
Memoria que respira y pan que se comparte

«¡Es lo que hay!»

Lo que hay, dice también la Historia, guste o disguste a la caverna, lo que hay siempre termina siendo el punto de partida.

Es lo que hay!» se dejó oír en el interior de la caverna. Y así estuvieron australopithecus y australopithecas hasta que, un día, decidieron echarse a andar y así conocer a otros homínidos y femínidas, y descubrir el fuego, recolectar frutos, formar tribus... era el Paleolítico.

«¡Es lo que hay!» pintaba el Paleolítico bisontes y caballos en las paredes de sus cuevas. Y así fue hasta que el homo erectus y la femme erectus cultivaron el campo, se asentaron en pequeños poblados cerca de los ríos, domesticaron animales, crearon la cerámica, el tejido, la rueda... era el Neolítico.

«¡Es lo que hay!» se conformó el Neolítico viendo rodar el tiempo. Y lo siguió diciendo hasta que, un día, el homo sapiens y la femme sapiens desarrollaron la agricultura y la ganadería, también la metalurgia con el cobre, el bronce y el hierro como protagonistas de una era que transformó la vida al perfeccionar las herramientas, y apareció la artesanía y el comercio... era la Prehistoria.

«¡Es lo que hay!» asintió la Prehistoria hasta que, érase que se era patentada la ignorancia, proclamada la fe, bendecido el patriarcado y hecha virtud la plusvalía, solo quedaba confinar la memoria y difamar la razón... era la Historia.

Lo que hay, dice también la Historia, guste o disguste a la caverna, lo que hay siempre termina siendo el punto de partida.

(Preso politikoak aske)

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