Fede de los Rios
Fede de los Rios

Añoranzas imperiales

A medida que se acerca el día de la Raza, de la Hispanidad le dicen, en que se celebra la conquista de América (descubrimiento lo llaman), los más indocumentados de la Corte se ponen estupendos. Son delirios de los que gustan recordar un imperio todo el rato cara al Sol.

Si el Papa, el representante del dios católico en la Tierra cuya palabra es infalible por gracia del Espíritu Santo, se atreve a pedir perdón por excesos en la cosa de llevarles la verdadera religión a los indígenas que poblaban las tierras del continente americano, Nuevas Indias le llamaban; el monosabio del Trío de la Azores, loador de José Antonio, expresidente de las Españas y risa de hiena dice que Él no pide perdón por nada sino todo lo contrario, que magnificar los errores de la conquista, si alguno hubiese, es dar armas al comunismo travestido de indigenismo (sic) y a los enemigos de España (que son legión: vascos, catalanes, moros, emigrantes, chinos, antifranquistas, feministas, socialistas, comunistas sin travestir, los que no gustan del jamón, toros ni procesiones, los que mezclan peras con manzanas… y un largo etcétera). Todos aquellos que no le ríen las gracias a quien se ha convertido en caricatura de sí mismo. Y fea, muy fea.

Isabel Díaz Ayuso, con sus periodistas, encontrábase  queriendo hacer las américas, ignorada por el continente entero; a rebufo del líder, apuntándose a dos huevos duros más, carga contra el Papa de Roma “sorprendida que un católico (sic) que habla español” critique algo del legado que proporcionó “el catolicismo, por tanto, la civilización y la libertad al continente americano”. Se olvida la católica Isabel de Inquisición, sífilis y la postura del misionero entre otras aportaciones a cambio de un poco de oro de los salvajes.
Cogiendo carrerilla y por elevación el inefable defensor del español en Madrí, Toni Cantó, afirma que «España no conquistó sino que liberó a América de un poder absolutamente brutal salvaje y caníbal. Eran capaces de matar en una sola ceremonia a 70.000» Y sin pan. Un horror.

Bilatu