Las imágenes de los noticiarios sobre lo acontecido en Ceuta son claras: una muchedumbre de decenas de miles, la mayoría marroquís, traspasaron su frontera saltándose los protocolos de la aduana española con el beneplácito de la policía marroquí. La mayor parte cruzaron por mar, a nado, donde perdieron la vida centenar y medio de ellos. Curiosamente los primeros en hacerse eco de la noticia tildándola de invasión, Trump y Netanyahu. Después sus remedos, PP y Vox. A día de hoy, de las 72.000 personas que cruzaron la frontera del Tarajal permanecen en Ceuta unos 4.000 menores. Las demás retornaron a Marruecos. Hasta aquí los hechos que hemos visto o podido ver. Para algunos, el problema urgente es garantizar que las necesidades básicas de esos niños sean cubiertas mientras se dilucida su situación y satisfacer la necesidad de ayuda a la población ceutí que está asumiendo funciones del Estado español en lo referente a la protección de menores. Para fascistas y nacionalcatólicos lo acaecido en la colonial Ceuta, vestigio del Imperio donde no se ponía el sol ni por eclipse alguno, se trata de una invasión auspiciada por Sánchez y sus aliados, lo que viene a ser la Anti-España; una cortita, de día y medio, con extraños invasores que huyen de su país. Para los hijos de Pelayo y el Cid «invasión» a fin de cuentas. Hay quien pide, como el canónigo de la catedral de Iruñea y miembro del portal científico de la Universidad del Opus en Navarra, la intervención de Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta, para impulsar la «reconquista de Marruecos» y su «conversión al cristianismo» y «fuego masivo contra los invasores», bombardeando Rabat si es necesario. Dolors Monserrat, portavoz del PP en Europa, afirma que «es alucinante que una semana después no sepamos aún la identidad de los asaltantes que quedan en Ceuta. No sabemos si entre ellos hay delincuentes o terroristas o lobos solitarios yihadistas. Esto es responsabilidad de Sánchez». Y estos orates miserables quieren gobernar las Españas. Urge irse.