Decenas de policías armados ocupan todas las plantas del edificio, procediendo al violento desalojo de los que allí estaban oponiéndose al desahucio de una anciana de 87 años. Después de tirar su puerta abajo, uno de ellos, ejerciendo de portavoz, se dirige a la aterrorizada inquilina: «Buenos días, Maricarmen, mira, venimos a cumplir un mandato judicial, ¿vale, Maricarmen? Te apoyamos y estamos contigo, ¿vale? Tenemos que hacer nuestro trabajo, ¿vale?». «Pero, ¿por qué?» le pregunta angustiada la anciana de 87 años. No hay respuesta alguna por parte del servidor del orden. Se procede al desahucio de una mujer que durante 71 años ha pagado cada mes el alquiler. Ahora dos emprendedores, amparados por el Tribunal Supremo, habían decidido que en vez de 500 euros debían ser 2.650, el doble de su pensión. Hasta aquí el sucinto relato de los hechos. Ahora, algunas consideraciones. «Tenemos que hacer nuestro trabajo», pues vaya indignidad de trabajo, ¿no? Y aún peor, «te apoyamos y estamos contigo». ¿De verdad era necesario tanto cinismo para aderezar su práctica violenta y cruel y reírse así de la anciana en su espanto? «Venimos a cumplir un mandato judicial, ¿vale Maricarmen?», dice el irresponsable uniformado, porque una togada irresponsable manda obedecer órdenes del Tribunal Supremo al servicio de la Ley. La Ley o, lo que es lo mismo, la cristalización de la fuerza de los poderosos. En definitiva, una cadena de idiotas morales, incapaces de discernir el bien del mal, que se dicen ajenos a las consecuencias de sus actos, lleva a una anciana a algo aún peor que la muerte, al desarraigo. «La propiedad privada es sagrada», «el fundamento de nuestra sociedad», graznan los tertulianos de 13TV, la cadena de los obispos, esos grandes propietarios de inmuebles. ¿Dónde queda aquello de «vende todo lo que tienes, repártelo entre los pobres; después ven, sígueme»? Quizá ese sea el problema: que la dinámica inexorable del capital, la acumulación de «la propiedad» en manos de unos pocos, imponga a muchos una vida indigna y miserable.