Floren Aoiz
Floren Aoiz
Idazlea, Iratzar Fundazioaren zuzendaria

A la gente joven no le gusta verse sin futuro

Convertir esa rabia en energía transformadora es la tarea de todo movimiento emancipador, pero lo que menos se necesita ahora es paternalismo.

Si me pidieran una frase acerca de la oleada de protestas que ha estallado tras el encarcelamiento de Pablo Hasel usaría esta o cualquier otra que encadenara a la juventud actual con la falta de proyección de futuro. Hablar de la generación que vivirá peor que las anteriores puede haberse convertido en un lugar común, pero refleja una tragedia gigantesca que ensombrece las perspectivas de la gente joven. Esa misma gente joven a las que se está culpando de la extensión del covid-19, que es perseguida, vigilada, identificada, tanto cuando protesta como cuando simplemente intenta encontrar alguna manera de socializarse en estos tiempos de virus y restricciones. ¿Qué tipo de acción contra la pandemia es ocultarse en la oscuridad para perseguir a quienes apuran los últimos minutos antes del toque de queda? Y esto es solo un ejemplo, cualquier joven puede relatarnos tantos como se quieran escuchar.

Conforme pasa el tiempo estamos asistiendo a una acción policial cada vez más agresiva, que por supuesto no afecta a los actos cada día más preocupantes de la extrema derecha, porque no se trata de tolerancia o permisividad, sino de dos expresiones del mismo fenómeno: un autoritarismo estructural, la respuesta de un sistema que es consciente de su incapacidad para generar consentimiento, por decirlo de otro modo, pasiones alegres. Es una pulsión sistémica, no son hechos aislados y por tanto requiere respuestas de calado, tanto en las calles como pasando de las posiciones contrahegemónicas a conquistar mayores espacios de poder. Es posible que quien trata a la juventud como enemigo espere resignación y apatía, pero puede encontrar rabia y movilización. Convertir esa rabia en energía transformadora es la tarea de todo movimiento emancipador, pero lo que menos se necesita ahora es paternalismo: la gente joven no necesita ser monitorizada, sino que se le dejen de cerrar puertas.

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