Floren Aoiz
Floren Aoiz
Idazlea, Iratzar Fundazioaren zuzendaria

El PNV y las células madre del régimen del 78

Creo que es muy clarificadora esa esperanza de orden pospolítico y postideológico depositada en el Partido Nacionalista Vasco.

Escucho penosamente en el coche fragmentos de un programa satírico en una radio española. Adelantan el tono que esperan en el debate del Congreso de los Diputados de Madrid y vienen a decir algo así como que «unos hablarán de fascismo, otros de comunismo y Aitor Esteban pondrá orden». Me impacta, lo confieso: es difícil decir tanto con tan pocas palabras.

No se trata solo de la alabanza al diputado jeltzale: estamos ante una banalización de la política en la que fascismo y comunismo son presentados como meras descalificaciones intercambiables. Se rechaza la confrontación de proyectos estratégicos en nombre del consenso y se iguala el comunismo, que representa la esperanza de un mundo más justo y el fascismo, en España, un fenómeno histórico triunfante materializado sobre un baño de sangre y sedimentado en una dictadura de cuarenta años que fue capaz de marcar las reglas del juego para lo que vendría después. Y creo que es muy clarificadora esa esperanza de orden pospolítico y postideológico depositada en el Partido Nacionalista Vasco. Haberlo escuchado en una emisora sería una mera anécdota, sino fuera porque ese es un punto de vista muy extendido y reflejo del aplauso que inspira el PNV en la política española, tanto en la derecha como en la progresía.

No he tardado en imaginar al PNV como una especie de reserva de células madre de la transición, algo así como un destilado de la génesis del régimen del 78, disponible para su regeneración en estos tiempos de crisis. Según esa mirada, sería el PNV quien mejor representaría el denominador común del frente del 78, precisamente cuando el discurso histórico de la izquierda abertzale sobre ese régimen resuena en las bocas de agentes soberanistas y no soberanistas de todo tipo y color. Es curioso, porque nos quieren hacer creer que nada pasa en Euskal Herria y que tenemos menos influencia que nunca en el ámbito del Estado.

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