A estas alturas es evidente que las derechas, embrutecidas, vienen con todo. Su agenda pasa por la destrucción de las conquistas sociales y cada día nos demuestran que odian toda forma democrática. En este contexto, a nadie puede extrañar que carguen contra todo aquello que consideren un obstáculo para ese plan. Que nos descalifiquen y satanicen es muy clarificador; por tanto, saben dónde está fuerte el antifascismo. Cuando a uno le proponen dar un paso al frente, es muy consciente de qué supone, pero también de que es tiempo de asumir compromisos. Nadie lo da solo: en Euskal Herria estamos fuertes y en condiciones de afrontar lo que venga porque hemos construido un denso tejido asociativo que va desde las organizaciones políticas hasta sindicatos transformadores, pasando por múltiples formas de acción colectiva, como se verá en la próxima huelga. EH Bildu expresa esa riqueza, suma voluntades y las hace funcionales en la defensa de los intereses de las mayorías sociales. Las experiencias de acuerdos y de otras maneras de hacer política en Nafarroa y a nivel del Estado español –en ambos casos con un empuje decidido de EH Bildu–, han demostrado que hay alternativa y la historia no está escrita. Siempre desde Euskal Herria y para Euskal Herria. Por eso, todo el mundo sabe que la izquierda soberanista es una garantía y tiene la capacidad de mover al PSOE hacia posiciones más avanzadas. Cuanto más fuerte sea EH Bildu en las elecciones del 29 de noviembre, más se podrá avanzar en las políticas sociales y en la defensa de nuestros derechos como pueblo. Y esto es especialmente importante en Nafarroa Garaia, donde las derechas, cada vez más indistinguibles entre sí, nos acechan con un programa recentralizador, reaccionario y autoritario para llevarse por delante las pensiones, la sanidad y la educación públicas, el euskara, los derechos, la convivencia y el autogobierno. Es momento de asumir compromisos, aunque no sea cómodo ni fácil, y dar un paso adelante.