Durante mucho tiempo hubo una cierta “anomalía navarra” en el discurso del régimen del 78: apelar al derecho a decidir de una sociedad diferente a la española estaba totalmente proscrito, salvo en el caso navarro, para el que se repetía el mantra del “respeto a la voluntad de los navarros”. Significativamente, siempre eran los, no las ni los/las, por lo que sea, como se dice ahora. Podías escuchar tanto a un líder de UPN como al mismísimo Aznar defender esa voluntad navarra y llegaron a manifestarse en las calles con ese mensaje. La clave estaba en aquello ante lo que se defendía ese peculiar derecho a decidir. El discurso de la anexión vasca (¡que vienen los vascos!) amenazadora de la identidad navarra fue la narrativa dominante en la transición postfranquista. En ese marco, España era la gran defensora de Navarra y podía hablarse de derecho a decidir sin poner en cuestión la soberanía única de la patria española, porque se trataba de un mero recurso retórico. En ningún momento se pensaba en preguntar a la sociedad navarra qué quería, mucho menos en respetar lo que pudiera decidir. De hecho, esa fue la clave de la transición, pues nunca se permitió a Nafarroa Garaia elegir libremente su camino. En los últimos años, sin embargo, el mantra de la voluntad de los navarros ha ido desapareciendo, en la medida en que se ha disputado desde el soberanismo y la sociedad navarra ha ido tomando decisiones que no han gustado al navarroespañolismo. Ya no hablan de esto. Otro dato a analizar es la desaparición progresiva de la bandera navarra -aunque sea la oficial con la corona- frente a la española. Lo hemos visto en torno al Mundial, pero es una tendencia que ya se venía observando, síntoma de un deslizamiento en el eje Navarra-España. La evolución del panorama político está empujando a toda la derecha hacia la extrema derecha y al navarroespañolismo hacia menos Navarra y más España. El alcalde “Toquero DJ” lo expresa bien cuando pincha Manolo Escobar para el cohete de Tutera.