Vivimos momentos históricos muy difíciles de interpretar. Lo son hasta para la derecha autoritaria española, que cree tener viento de cola y un día se ve llenando el cofre en Caracas de la mano de la colonia escuálida en Madrid, y al siguiente se pregunta si la decisión de Trump de apartar a Corina Machado no será colonialismo.En medio de ese lío de las derechas, me llamó la atención la candidez del actual alcalde de Madrid. No lo tengo por el genio de la lámpara, pero casi me da un ataque de risa cuando leí que en su opinión el secuestro de Maduro (él no lo llamaba así, claro) podía ofrecer a la Unión Europea «una oportunidad de ser esa lucecita que dice que la democracia liberal es el mejor mensaje de esperanza que se puede tener en estos momentos». ¡Qué viejo se ha vuelto de repente ese discurso de la Europa de las Luces y la democracia liberal! Hasta Almeida debió darse cuenta en su fuero interno y dijo lucecita. Como si el diminutivo pudiera ocultar el patetismo de una Unión Europea que, en medio de este vendaval geopolítico que arrasa con las pautas de la época anterior, quiere creer que Estados Unidos sigue siendo lo que Pete Hegseth, el belicoso secretario de Guerra de Trump, llamaba el número de contacto de emergencia europeo. Si tu tabla de salvación es el mismo que va a por ti, tienes, evidentemente, un problema, pero si además lo único que se te ocurre para salir del atolladero es hacerle la pelota, estás apañado. Con semejante lucidez estratégica no te puede extrañar que medio mundo se muera de risa mientras Trump afirma que la defensa de Groenlandia son «dos trineos tirados por perros». La cuestión es si hay otras luces en Europa que puedan señalar y alumbrar un camino diferente. No serán desde luego quienes nos han traído hasta aquí. Ya terminó el tiempo de las lucecitas liberales. Es la hora de nuestros pueblos, de la soberanía y de la audacia.