Floren Aoiz
Floren Aoiz
Idazlea, Iratzar Fundazioaren zuzendaria

Oportunismo parasitario

Existe una variable de la política que consiste en apropiarse de la producción de futuro que realizan otros y es ahí donde situaría al PNV.

Los intentos de caracterizar ideológica y/o políticamente al Partido Nacionalista Vasco chocan una y otra vez con algunos obstáculos que, a mi entender, tienen que ver con un problema de enfoque. Las incoherencias y los giros en todas las direcciones del partido jeltzale pueden desorientar, ciertamente, porque son capaces de apoyar a José María Aznar y enfrentarse a él, de apoyar a Pedro Sánchez y alimentar maniobras para intentar derribarlo, de presentarse como ecologistas mientras imponen el Tren de Alta Velocidad, de pactar con el PSE mientras lanzan el enésimo guiño-cebo sobre un eventual nuevo status en la Comunidad Autónoma Vasca, de hablar contra la Ley Mordaza y llevarla más lejos que nadie en su aplicación criminalizadora... ¿Cómo encontrar un hilo conductor en esos comportamientos?

Si el pensador chileno Lechner decía que la política es producción de futuro, yo añadiría que existe una variable de la política que consiste en apropiarse de la producción de futuro que realizan otros y es ahí donde situaría al PNV. Dicho de otro modo, el arte de parasitar los efectos del trabajo ajeno. Y para que esta labor pueda desarrollarse sin trabas, los principios ideológicos y éticos vienen sobrando: ¿dónde está el PNV? Donde hay capacidad de rentabilizar el trabajo de otros, hoy aquí, mañana allá, a la mañana contigo, al mediodía contra ti. Si pueden obtener un beneficio, allí verás al PNV, y si las oportunidades aparecen en dos lugares allá estarán a la vez y en todos los que haga falta, por contradictorio que pueda parecernos a quienes vemos la política con otros ojos.

De este modo, el principio del PNV es la falta de principios. Su brújula: parasitar y hacerlo oportunistamente, sin más ataduras que la cuenta de beneficios. Ahora han visto negocio en las denuncias de odio a la Ertzaintza y allá van, frotándose las manos. Pero si mañana tienen algo que rascar de la derogación de esa misma legislación, no dudarán. Es lo que tiene carecer de principios.

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