La selección francesa tiene una plantilla de altísimo nivel, ha asegurado el cachondo de Mariano Rajoy, apostillando que, «eso sí, sin franceses», no como la española, le faltó añadir. Como es natural, su ocurrencia racista no ha resultado para nada graciosa a este otro lado de los Pirineos. Y eso a pesar de que una gran parte de la sociedad y de sus representantes podrían firmar sin rubor una boutade similar, porque el límite de la moral ha descendido ya a la altura de las cloacas de la extrema derecha. Los signos son evidentes, entre otros que las encuestas conceden la victoria en las próximas presidenciales a Marine Le Pen, quien ha sido condenada por un delito de malversación de fondos europeos a tres años de cárcel, dos sin obligado cumplimiento y un tercero con pulsera electrónica, así como a no poder ejercer los oficios de profesora, policía, gendarme, asistenta social, psicóloga o animadora sociocultural... Aunque, sin embargo, podrá dirigir todo un país en el que, si se adopta la proposición de ley aprobada este pasado 7 de julio en el Parlamento, se instaurará la presunción de legítima defensa para los agentes que hagan uso de sus armas de fuego, o sea, la impunidad total. A este paso, en la patria de los Derechos Humanos habrá que correr más que en un encierro, sobre todo si se es como esos no franceses de la selección.