'Le Parisien' es de los pocos medios franceses que recogen esa parte de la entrevista publicada por 'New York Magazine' en la que Donald Trump, en referencia a su propia salud, recuerda la de su padre, quien “solo tuvo un problema a los 86 u 87 años, ¿cómo le llaman a eso?”. Alzheimer. Que el máximo dirigente del país que se arrogó el título de gendarme mundial tras mostrar músculo militar y mente genocida arrojando bombas nucleares sobre población civil muestre síntomas de senilidad es extremadamente preocupante. Pero más aún lo es la demencia de la sociedad que lo eligió, o la de la sociedad francesa, febril con discursos fascistas que resuenan a los de los años 30 del siglo XX, como si hubiera perdido la memoria de la guerra, de la ocupación, de la colaboración, de la represión, como si ya no recordara o como si no quisiera recordar. Estamos perdiendo la cabeza y no por vejez, sino porque las democracias occidentales nacidas de aquel nuevo orden mundial y que debían crecer en valores humanos han sido instruidas en la escuela del liberalismo, alimentadas por un consumismo que ha buscado atrofiar todo aquello que articula solidaridad, progresía, memoria y resiliencia. No lo recogerán los medios franceses, pero aquí tenemos remedios eficaces para salvaguardarlas. Y no se recetan. Se recitan, se cantan y se sienten. En euskara, sílaba a Xilaba.