La actual primera dama, como ex profesora de lengua y literatura francesa de instituto, debería conocer el significado de naïf, uno de esos términos que el idioma de Molière ha exportado al océano lingüístico universal y que parece portar Brigitte Macron cuando declara, cual replicante de 'Blade Runner', haber visto “la oscuridad del mundo, la estupidez, la maldad” en estos nueve años como inquilina del Elíseo. Escuchándola, solo cabe preguntarse qué estilo de lecturas ingenuas proponía a su alumnado y qué tipo reflexiones planteaba, aunque viendo a uno de sus alumnos aventajados y a la postre su segundo marido, parece claro que el espíritu crítico no abundaba en sus clases. En este 111 aniversario del genocidio armenio perpetrado por el Imperio Otomano del que procede la actual Turquía, Emmanuel Macron ha declarado en redes que la República francesa “se inclina ante la memoria de las víctimas”, pasando por alto los crímenes cometidos por el Estado francés durante los últimos siglos de colonialismo, por los que ni el propio Macron ni ningún otro representante estatal se ha inclinado nunca ante nadie, si no es ante los Estados Unidos, dirigidos no se sabe si por Israel o por ese Donald Trump que tras el febril tiroteo del sábado noche en la Casa Blanca declaró, naíf: “nadie me dijo que esta fuera una profesión tan peligrosa”. No es ingenuidad, es cinismo.