Que la vida es una mala película lo saben en Cannes, donde entre los protagonistas involuntarios de la última edición encontramos a Vincent Bolloré, un tipo de extrema derecha que se ha hecho multimillonario entre otras cosas por fabricar el mejor papel de fumar y que ha acabado con un emporio audiovisual con el que intenta manejar a su antojo el relato del siglo XXI, hasta el punto de que cientos de profesionales del cine francés han firmado una tribuna porque consideran que su grupo mediático está impulsando una línea ideológica muy conservadora, léase fascistoide, a través, entre otros medios, de Canal+, Europe 1 y del reaccionario Cnews, donde los discursos contra la inmigración y en defensa de una Francia segura, blanca y cristiana son como el pan nuestro de cada día, últimamente mojado en salsa sionista hasta el punto de que en sus canales apenas ha tenido eco el anuncio de que el gobierno francés ha decidido prohibir la entrada en el hexágono al ministro de Seguridad Nacional israelí Itamar Ben-Gvir por la actuación de Tel Aviv contra los miembros de la flotilla internacional. Esos mismos miembros que han sido recibidos a porrazos en Loiu por una policía cuyo máximo responsable acabará, una vez más, agarrándosela con papel de fumar. Al parecer, mañana estrenan la función en la que, salvo sorpresa, alguno acabará llevándose la palma.