Este pasado 14 de julio amaneció algo alterada la población del municipio de Le Palais, en la pequeña isla bretona de Ar Gerveur, donde del dintel de la puerta de las murallas había desaparecido la bandera tricolor, sustituida por una pancarta que rezaba “Vive la France raciste et coloniale”, que para los que no entiendan la lengua de Molière podría traducirse algo así como “qué país tan bonito nos está quedando”. La noticia la recogió como agravio el periódico chauvinista y conservador por excelencia del país, ese mismo que hace hueco en sus páginas a las ambiciones monárquicas del bisnietísimo de Franco, Louis de Bourbon, que se dedica a pasearse por estas tierras republicanas pregonando su disposición al sacrificio cristiano de reinar con tal de detener la “degradación de Francia”. Un país al parecer cada vez menos reconocible pero al que, según Elon Musk, le queda “una última esperanza”, blanca evidentemente y de la misma familia política del Borbón, de este que se postula a monarca y de ese pariente emérito que hace casi seis décadas declaró legítima la dictadura militar “surgida el 18 de julio de 1936", para pocos años más tarde meter un gol a casi todo el país con la misma bandera que llevaban algunos ayer. Que viva España, supremacista y colonial. Imaginen la traducción.