Irati Jimenez
Irati Jimenez
Kazetaria eta idazlea

«Kontuz arimarekin»

Todos y todas intentamos mantener una narración de nosotros mismos que nos permita mirarnos ante el espejo sintiendo que no somos los villanos de nuestra historia.

No creo que estuviera dicho a modo de consejo, pero hace más de veinte años, en medio de una crisis laboral que me rompió el corazón, me dijeron que hay que tener cuidado con el alma, y es el mejor consejo que me han dado nunca. Lo que ocurrió no tiene mayor importancia: las personas que podían decidir sobre las condiciones laborales de otras personas tomaron unas decisiones; las personas que solo podían acatarlas, tomaron otras. Ambas partes pensaron que tenían razón. Nadie volvió a confiar en la otra parte de la manera que lo había hecho antes. Se rompieron lazos de amistad. Fue triste.

Estas cosas siempre son tristes. A veces ocurre como en el final de “El largo adiós”, una de las mejores novelas del siglo XX. Miras a alguien a quien alguna vez conociste o quisiste y esa persona ya no está ahí. Siempre te preguntas qué pensará esa persona de sí misma porque todos y todas intentamos mantener una narración de nosotros mismos que nos permita mirarnos ante el espejo sintiendo que no somos los villanos de nuestra historia, aunque tengamos que hacer para ello una larga serie de trampas conscientes e inconscientes. Lo importante es si esas trampas resisten la mirada ante nosotros mismos. Eso es lo que aprendí entonces y lo que pienso tantas veces cuando los debates públicos se encarnizan en torno a quién tiene razón, es decir, quién puede convencer a los otros de que la tienen. Es lo de menos. Toda aspiración a un relato único es una fantasía.

Cualquiera puede ser el villano de la historia de otro pensando que es el héroe de la suya, la única manera de caminar por la vida sin adentrarnos del todo en el lado más tenebroso de nuestro propio ser es sabiendo que hay actos que violan nuestra integridad espiritual y cualquiera de nosotros podemos cometerlos. Si la idea que tenemos de nosotros mismos no responde ante nuestros hechos, seguramente está ahí para impedirnos ver qué estamos haciendo. Dicho de otra manera: cuidado con el alma. Sigue siendo el mejor consejo que me han dado nunca.

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