Itziar Ziga
Itziar Ziga
Una rubia muy ilegal

El feminismo es nuestra dote

¡Como la Barbie, las mujeres veníamos con nuestros complementos! Imagino esas sábanas, su textura, sus bordados, y me acarician…

Entre los papeles de mi izeba Jose encontramos una joya tan familiar como patriarcal: el acuerdo por el que mi bisabuela Manuela pasó por matrimonio concertado de Alli a Ororbia, del euskera al no castellano, porque no llegó a hablarlo. Aunque de alguna manera cotorrearía con las vecinas: no me cabe duda. En el euskañol de la época, supongo. Nunca olvidaré lo que le dijo una madre catalana a su hija, una mañana remota en Isaba: el castellà és el llatí mal parlat pels bascos. Eso sí, mi amatxo se quedó con una frase de Manuela Txurio, que sigue resonando alegremente en mi casa, como buenas desastradas que somos: hacerrr, deshacerrr, y tirarrr por la fregadera.
 
Aquel gélido pero supongo que bailongo 7 de enero de 1884, mi tatarabuelo entregó a la noviajunto «con ocho onzas de oro, cuya cantidad ha hecho efectiva en presencia de todos en oro y plata, en buena moneda y corriente: además ha entregado la ropa necesaria para una cama completa con su mudada y una cómoda para la ropa». ¡Como la Barbie, las mujeres veníamos con nuestros complementos! Imagino esas sábanas, su textura, sus bordados, y me acarician… Pero vamos al parné, a la dote, al intercambio familiar de mujeres que es el origen del patriarcado occidental. Alianzas entre casas, entre propietarios, aunque fueran pequeños, para mantener la tenencia, para que no la tengan todos, todas, todes, y volvamos al acabose comunal del que nunca quisimos salir.

Al principio del acuerdo, queda claro que ambos contrayentes son legítimos: impresiona el castigo a la bastardía. Mujer, no folles ni seas violada fuera del matrimonio: te irá muy mal a ti y a tus criaturas. Desde ya van a obligar a las húngaras a oír el latido de sus fetos antes de abortar: siempre cercando nuestros coños… Este sábado llevaré las cenizas de mi izeba Jose a Alli, donde disfrutó muchos veranos de cría. Ella no se unió a ningún hombre; yo, tampoco. Y no lo digo poniéndome por encima de ninguna, al revés. El patriarcado nos fue impuesto, pero las ganas de sacarle chispas a la vida y de liberarnos juntas… esa sí que es nuestra dote.

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