Itziar Ziga
Itziar Ziga
Una rubia muy ilegal

Era el patriarcado el opio del pueblo

Las trabajadoras domésticas alzadas, las kellys, las recogedoras de la fresa… son ellas y desde lo más explotado quienes nos mueven

La huelga comenzó nada menos que el 25 de noviembre, en plena campaña consumista del Black Friday y al grito de «As dependentas de Inditex non chegamos a fin de mes». En A Coruña, Amancio Ortega es Dios. La revuelta prendió enseguida por toda Galiza, después Euskal Herria y otros territorios. En Madrid, algunas tiendas no pudieron abrir el día de inicio de las rebajas. La portavoz Carmiña Naveiro lo aclaró, «llevo 26 años trabajando en Zara y los meses que más cobro es poco más de 1.200 euros». Los mozos de almacén, ¡los!, empiezan cobrando 2.100 euros y tienen un montón de ventajas respecto a ellas, como un plus de 500 euros para la matrícula universitaria de una hija o hijo. Ellas, las dependientas, mujeres casi todas y el 80% de la plantilla del gigante textil, cobran cerca de la mitad sin ninguno de esos ingresos extras. En Inditex las dependientas son conocidas como «las niñas», ¡las niñas! Ellas tienen clarísima lo feminista que es su reivindicación laboral, lo dice Carmiña: «con una inmensa mayoría femenina entre las dependientas, el trato que nos da Inditex es un ataque como mujeres».

Aunque se denigre, por feminizado y precarizado, el trabajo de dependienta es jodido, abusivo de mil maneras, y encima debes permanecer siempre sonriente e impecable ante gilipollas. Si te parece un trabajo fácil, pruébalo: a mí me echaron en una tarde, y andaba desesperadica de dinero.

Las niñas, ¡qué hostia tenéis Amancio y tu heredera Marta!, han conseguido en Galiza con toda su presión un aumento de 382 euros al mes. Las trabajadoras domésticas alzadas, las kellys, las recogedoras de la fresa… son ellas y desde lo más explotado quienes nos mueven. Aunque haya cansinos absortos en sus privilegios que sigan negando por estos lares lo imprescindible que es el patriarcado para el capitalismo. Y se nieguen a comprender cómo para multitudes de hombres desposeídos, lo único que les queda es su virilidad violenta. Ahí seguimos nosotras y quien nos siga, contra el capitalismo patriarcal.

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