Itziar Ziga
Itziar Ziga
Una rubia muy ilegal

¡Maricón, de qué!

El pasado verano, las desviadas sexuales revivimos horrores que habíamos sepultado para seguir adelante en la memoria de nuestra estirpe

Ayer charlaba distendida y deliciosamente en mi terraza, cual murciélagas frugívoras, con Alan, una preciosidad de artista y amiga, criado en Arroniz. Reímos, vibramos, nos retroalimentamos, también nos emocionamos hasta las lágrimas y el abrazo constrictor. El verano pasado, Alan sufrió un ataque homófobo por parte de dos personas en La Estellesa, es decir, atrapado con sus agresores en un autobús. Maricón de mierda, gay de mierda, te voy a rajar, sé dónde vives… Claro que lo sabían, en el mismo pueblo. Durante el confinamiento, es decir, cuando no podíamos salir de casa más que para ir a comprar lo imprescindible, Alan disfrutaba con su amona en la terraza de casa, y un tipo desde la calle le gritó: ¡maricón!

Me llevan los demonios cuando Alan me explica que ha escrito a los ayuntamientos de Lizarra y Arroniz, a La Estellesa, varias veces, explicando la agresión que sufrió en un transporte público, denunciando su indefensión, que el conductor no hizo nada, no paró, reclamando que se ponga en marcha un protocolo anti-agresiones, que las banderas arcoiris que colgarán la semana próxima de las instituciones signifiquen algo… Nada, no ha obtenido respuesta. La alcaldía de Lizarra es de Bildu: los que no hacen nada no son siempre los otros.

Alan es activista queer, a los pocos días convocaron una protesta en Lizarra contra esta y todas las agresiones homófobas que fue bálsamo para su alma herida. No olvidemos que acababan de asesinar a Samuel en A Coruña al grito de maricón. El pasado verano, las desviadas sexuales revivimos horrores que habíamos sepultado para seguir adelante en la memoria de nuestra estirpe. Y nos brotó una vieja, formulada, justiciera, preciosa rabia hacia la comodidad y complicidad con el patriarcado de la gente hetero: no os engañéis, las niñas bolleras y maricas de hoy siguen sintiéndose a menudo imposibles. Y, por cierto, no conozco ni a un maricón que valore a Putin en su oposición a la OTAN, ni a uno: por algo será. Y conozco a sarasas políticamente muy sagaces. Hacemos nuestro lo último que gritó Samuel: maricón, de qué...

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