Soy devota del terror queer de Ryan Murphy, pero con su último bodrio romántico me planto. Me refiero a la serie sobre la historia de amor heterorrubísima entre el hijo de JFK y su malograda esposa. Iban a una boda, él se empeñó en la avioneta. No era tan buen piloto, ella tenía miedo. Así que le pidió a su hermana que les acompañase. Y se estrellaron. Como cuando le pides a una amiga que venga contigo a por tus cosas a casa de tu novio porque él te asusta, y os mata a las dos: sucedió en Cuenca. Lo último que pensarían las desdichadas: me cago en el macho, en otra vida me hago lesbiana.Recuerdo el terror con mi aita al volante, otra versión del terror a su lado. El puerto de Azpiroz y sus gritos: ya está el puto camión delante, voy a ver si lo adelanto, no me deja el... Volantazo volantazo. Cómo lo radiaban todo en el coche, con nosotras sin escapatoria, en la campana de cristal machista familiar sobre ruedas. Al asiento del copiloto le llaman el del muerto, es el de la muerta. No son accidentes, son feminicidios. Eso sí, cuando explotó el Challenger en 1986, el chiste era: «¿sabes que es lo último que se escuchó? Deja que conduzca ella». Ja, ja, ja. Por cierto, había dos mujeres, no una sola ella, Christa y Judith. Acabo de mirar sus fotos, qué cardados más divinos. Y sin un montón de científicas borradas de la historia, muchas de ellas negras, los cohetes espaciales ni se elevarían. Mucho mejor lanzarse a ver "Figuras ocultas". Janelle Monáe, ¡diosa! ¡Cómo se les da tan bien a los machos conducir el mundo! Sí, hacia la sexta extinción masiva planetaria. «Para mí la masculinidad se puede describir en tres fotos. Explícame esto: doscientos hombres compartiendo las fotos de sus mujeres y sus hijas, hombres liándola en el fútbol y los nazis en Torre-Pacheco. Tú ves esas tres fotos y no hay ni una sola mujer. ¿Me explicas cómo es eso posible sin una masculinidad que se tiene que deconstruir?». Lo dice la gran-diosa y humorista Assari Bibang: que conduzca ella.