Itziar Ziga
Itziar Ziga
Una rubia muy ilegal

Rebelión de viejas

Es fascinante ver a las ancianas asintiendo ante las mareas feministas: las mujeres siempre hemos sabido que las cosas funcionaban contra nosotras, aunque no lo llamásemos patriarcado.

Rita Moreno es un símbolo para las mujeres latinas en Estados Unidos: ganó un óscar como actriz de reparto en 1961 por “West Side Story”, siendo portorriqueña. Que continúe mitificada seis décadas después lo dice todo del racismo sistémico. Al llegar a Nueva York con cinco años, de la mano de su madre, sintió que era tierra hostil para ella. Y lo fue. «Crecí pensando que no valía mucho». Y eso que alcanzó Hollywood, ¡hasta el óscar! Pero siempre haciendo de secundaria no blanca, tampoco negra. Isleña lo llamaban: india, egipcia, mexicana, polinesia... Hasta hace poco, cuando el mundo se va acercando a la altura de Rita Moreno, o al menos la representación audiovisual del mundo. Con 89 años afirma estar en el mejor momento de su vida, y me ha maravillado escucharla reconocer que su idílico matrimonio de 45 años no fue idílico, que no tuvo el valor de abandonarlo: ahora es una alegre y liberada viuda. Como tantas.

La anciana y encantadora madre de un amigo decidió de un día para otro que ya no podía ni ver a su marido. ¡Cuántas décadas llevaría con el anhelo separatista hormigueándole las entrañas! Él estaba apaciguado por la senectud, les quedaba la recta final, pero Coro gritó se acabó. Su prole la ayudó, ubicándoles en pisos diferentes. Ella debió sentir que llevaba demasiado arraigado el mandato de no abandonar al esposo, volvieron a convivir en la misma residencia de mayores por deseo suyo. Y entonces, comenzó a putearle. A mí, las nuevas aventuras de Coro, medio demente medio cabrona, me chiflaban. Las cuidadoras de la residencia le contaron a mi amigo que no era una excepción: andaban como locas tratando de mantener la convivencia grupal ante la venganza final de las abnegadas esposas. Luego llegó arrasando el puto virus...

Es fascinante ver a las ancianas asintiendo ante las mareas feministas: las mujeres siempre hemos sabido que las cosas funcionaban contra nosotras, aunque no lo llamásemos patriarcado. Me ha encantado titular esta columna como la preciosa y macarra novela de Teresa Pàmies.

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