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Boinazos

Tenía razón el candidato Adolfo Araiz cuando advertía el otro día que la sociedad navarra correrá «a boinazos» a los partidos que propugnan el cambio si tras las elecciones hubiera posibilidad de conformar una mayoría y no fueran capaces de ponerse de acuerdo.

La espera ha sido larga, muy larga: 40 años. Cuatro décadas en desventaja a la espera de una oportunidad para desalojar a la derecha más rancia y sus sostenedores del Palacio de Nafarroa, ayuntamientos... La oportunidad.

Resulta decepcionante haber llegado al final de la campaña sin conocer todavía las verdaderas intenciones o disposición de algunos grupos para conformar esa mayoría social de cambio. Los electores tienen derecho a conocer sus programas y propuestas, pero también a saber cómo y al servicio de qué van a gestionar los resultados. ¿Existirán vetos, condiciones inaceptables, exclusiones, chantajes, pactos y balanzas que dependan de los resultados de otros territorios?

Mal haría quien frustre una mayoría progresista. Los responsables de los partidos deberán pensar cómo se ha llegado hasta aquí. Incluidos los recién aterrizados en la política y quienes miran de reojo al sur para no interferir en otros asaltos al cielo. A esta situación también se ha llegado por los avances conquistados durante cuarenta años en luchas de fábricas, en huelgas, en la tarea silenciosa de barrios, en la concienciación del ecologismo, del feminismo, en la insumisión, por los derechos civiles y democráticos, en la defensa del aborto, en la educación, en el idioma, en la honestidad de miles de personas que han entregado su tiempo y su talento para cambiar... Pero para conquistar ese vuelco habrá que pactar, ceder, acordar bases comunes que la sociedad, a buen seguro, sabrá comprender de manera más generosa que los propios partidos. Se equivoca quien piense que podría salir indemne de una traición a las expectativas.

El propio candidato Esparza reconocía ayer en un medio que estas son las elecciones «más difíciles de la historia para UPN» y pedía socorro a quien siempre se lo dio, el PSN. Desde el "Diario de Navarra" lo confirmaban a su estilo: «Navarra está viviendo unos momentos peligrosos y emocionantes. No es la primera vez; durante 14 siglos se ha visto en circunstancias muy graves. Los moros llegaron...» Casi nada.

Tenía razón Araiz. Se han traspasado ya muchos límites y la sociedad navarra no está como para aceptar de buen grado una nueva frustración.

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