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Navarrísimo

Es un recurso machacón de la derecha españolista –ahora que lo pienso, también de la izquierda– atribuir pretensiones “identitarias” en exclusiva a los abertzales. Y en estas se descuelga UPN con el eslogan «Navarrísimo». Pocas opciones existen de mayor alegato de identidad territorial que tan superlativo gentilicio. Acaso con unas erres más...

Es cierto que les resultaba muy difícil crear un lema que reivindicara la gestión de gobierno de Barcina o augurara mejora alguna, así que han echado mano de la identidad, pero como categoría moral: ser navarrísimo es lo mejor que se puede ser, lo más correcto... Un dechado de virtudes. Una suerte. Hasta el flamante autobús que pasea al candidato Esparza es «navarrísimo». No me pregunten por qué.

Y como en UPN no son muy de poesía, dirán ustedes que semejante efluvio solo podía ser fruto de una digestión pesada de menudicos y pacharanes... Pues no. La ocurrencia es del equipo del publicista y estratega electoral Juan Campmany, un mercenario de la comunicación que inventó la marca ZP para la campaña de José Luis Rodríguez Zapatero y que desaconsejó la MR12 para la de Mariano Rajoy.

Sin embargo, más allá de lo zafio, el eslogan esconde un fenómeno mucho más preocupante y peligroso; unas líneas que, en realidad, nadie sensato se atrevería a traspasar. ¿Imaginan el lema “Vasquísimo”? ¿A que da grima? Y la que se habría montado... ¿Y qué me dicen de “Españolísimo” o Alemanísimo”...? ¿A que dan un poquito de miedo?

Y como en UPN no son muy de poesía, y no había mucho que contar, han decidido redondear el eslogan con un complemento muuuuuucho más sutil: «Adelante navarros», que suena a versión moderna de «Navarra siempre p’alante» pero con la inquietante incógnita de todos los tiempos: ¿Adelante, pero hacia dónde?

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