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Voto inútil y cómplice

Hemos pasado de la geometría variable a la aritmética implacable que nos espera el domingo por la noche. Estamos ante una pugna histórica en casi todos los territorios e instituciones en liza. Los sondeos, intencionados o no, auguran unos resultados disputadísimos; tal vez los más complicados de las últimas décadas. Harán falta acuerdos postelectorales para inclinar la balanza hacia políticas progresistas o para dejar las instituciones en manos de quienes han dirigido los recortes, la represión, las exclusiones, la corrupción...

Vivimos en un país diminuto pero complejo, que es una manera eufemística de referirnos a una situación disparatada, en la que más que pluralidad o diversidad se intuye el legado histórico del jauntxismo territorial y político. Un pueblo banderizo. O caprichoso. O estrambótico.

Sirva como ejemplo Nafarroa, equivalente en población a cuatro de los veinte barrios de París: Se presentan a las elecciones 14 partidos de los que se prevé que obtendrán representación... ¡ocho! Un panorama endiablado en el que históricamente ha tenido mucho que ver la fragmentación de la izquierda, siempre más acentuada que la de la derecha. En esta ocasión, el bloque del régimen va más fracturado que nunca, lo que da a sus oponentes más opciones de derrotarlo. Veremos qué pasa: es cuestión de número de votos.

Cuarenta años esperando esta ocasión y, sin embargo, vemos florecer –casualmente en lo que podríamos identificar con el lado que «pretende transformar la forma de hacer política» (por emplear una terminología común a casi todos)– un batiburrillo de grupos sin ninguna esperanza de alcanzar otros frutos que no sean dispersar votos y arrojarlos a la basura. Y eso no es ser antisistema; es desperdiciar fuerzas y, por tanto, regalar ventaja a la derecha.

Ocurre en Donostia, en Gasteiz o en Nafarroa... Sin fronteras: Libertad Navarra, Plaz!, RNC-NOK, Equo, Alternativa Republicana, Ongi etorri, Recortes Cero, Partido Animalista... No quito un ápice de legitimidad y derecho a sus pretensiones, pero me cuesta creer que aspiraciones sectoriales concretísimas no puedan ser atendidas en otras formaciones que sí pueden dar la vuelta a esta situación.

Otro ejemplo: el partido Representación Cannabica de Navarra (RCN-NOK), que aspira a la legalización del consumo de cannabis lúdico y terapéutico, obtuvo en las pasadas elecciones 3.000 votos. ¡Nada menos que 3.000! En la práctica no sirvieron para nada. El domingo, en cambio, podrían servir para mucho uniendo energías. Como los de Libertad Navarra o los de cualquier otra fuerza que defienda proyectos ilusionantes y liberadores. ¿Podría dedicarse un rato a reflexionar sobre el efecto demoledor y vano que paradójicamente puede tener una buena intención?

Al menos para que no se repita la excéntrica y desoladora radiografía que ha apuntado el candidato cannabico: «He discutido con socios que no votan el domingo por la resaca».

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