0 iruzkin

Caucus en Iowa: errores del sistema o dilema existencial

Sanders versus Buttigieg, Biden o Warren... El caos en torno al recuento de las preferencias en los caucus demócratas de Iowa es terreno abonado tanto para rescatar teorías conspirativas sobre sabotajes informáticos como para rememorar sonados escándalos demoelectorales como el que en el año 2000, y tras un «no recuento» en el Estado de Florida por orden judicial, dio la presidencia al candidato republicano George W. Bush sobre el vicepresidente (demócrata) Al Gore.

Es conocida la preferencia por las explicaciones excepcionales, y por tanto atractivas, a situaciones que a priori se antojan impensables. Cuando, no pocas veces, el por qué resulta bastante más prosaíco, aunque, como es el caso, no deje de ser incluso más preocupante.

Es un hecho que, desde su sorprendente y dolorosa derrota en 2016, el Partido Demócrata afronta un dilema que parece insalvable en su intento de ganar a un Donald Trump que, como todo aspirante a revalidar en el cargo, es de por sí favorito, y además cabalga sobre unos datos (macro)económicos incontestables y, para más inri, tiene al Partido Republicano (Old Party) rendido a sus pies.

En esta tesitura, los hay que sostienen que solo se puede doblegar al magnate desde la izquierda, con propuestas sobre el empleo, la sanidad y los servicios públicos que vuelvan a atraer al redil demócrata a los cientos de miles de votantes blancos de cuello azul que dieron la victoria a Trump hace cuatro años en los desindustrializados Estados del Óxido (Rust Belt).

Frente a ellos, otros sostienen que solo un candidato de centro puede asegurar la victoria en unos EEUU en los que la izquierda, que desde una perspectiva europea sería poco más que una tímida socialdemocracia, ha sido históricamente demonizada.

Eso supondría repetir el fracaso de la candidatura elitista de Hilllary Clinton en 2016, insisten los primeros. Una Clinton «elitista» que aventajó en 3 millones de votos emitidos a Trump, recuerdan los segundos. Victoria que, al fin y a la postre, no le sirvió de nada en el peculiar sistema electoral «indirecto» estadounidense, en el que a un candidato le basta un voto de diferencia para llevarse la totalidad de los votos electorales de cada uno de los Estados.

Todo apunta a que ese dilema existencial se habría trasladado a los militantes y simpatizantes en las asambleas de Iowa. Llamarles errores del sistema no deja de ser, en cierto sentido, un pleonasmo.

 

 

/