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Coronavirus y Unión Europea: ¿A la tercera (crisis) va la vencida?

Mientras los países europeos se van sumando a medidas de aislamiento y confinamiento como fichas de dominó, la UE sigue prácticamente impertérrita y ha anunciado que los líderes de sus países miembros tratarán la crisis por por videoconferencia en el Consejo Europeo previsto para el ¡26 y 27 de marzo!.

Para entonces, Italia, tercera economía de la UE, llevará un mes largo con su sistema sanitario colapsando. Estado español, Estado francés (y entrambos Euskal Herria), Bélgica... tratan de evitar con medidas a la desesperada, y por tanto contradictorias, hundirse en el abismo italiano.

La reacción de todos ellos, incluida Alemania, ha sido y es la restauración de las fronteras interiores y, en el caso español, el refuerzo desvergonzado de las tendencias recentralizadoras. Madrid, el foco más grave de la crisis de la pandemia en el Estado español, aprovecha la crisis para extender sus tentáculos...

Para más inri, Berlín y París reaccionaron en un primer momento al inicio de la crisis en Italia prohibiendo las exportaciones de material médico y sanitario al país transalpino. Todo un ejemplo del núcleo duro de la UE.

Dieron marcha atrás después de que la presidenta del la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, advirtiera del riesgo de romper el mercado único europeo, la única joya de la corona que le queda a la Unión.

Pero tampoco es que Bruselas se esté soltando la melena. Cierto es que las instituciones comunitarias están aceptando que muchos estados miembros hayan decidido saltarse los límites del déficit en una situación tan excepcional, pero lo están haciendo más por efecto de los hechos consumados (fait accompli), sobre todo después de que Alemania parece que va asumiento la imposibilidad de mantener las restricciones presupuestarias.

Y, de momento, se siguen echando en falta los estímulos financieros y económicos por parte de la UE, igual que ocurrió en la crisis global de 2008.

Porque la del coronavirus es la tercera gran crisis de la Unión. La segunda fue la provocada por la llegada masiva de refugiados en 2015, en la que fue incapaz de consensuar, e imponer a los países miembros, una política ordenada de acogida a los refugiados, obligando a la Alemania de Merkel a acoger a un millón largo de ellos.

Hay quien considera que el Brexit fue en sí mismo una crisis, pero quizás lo más oportuno sería analizarlo como una consecuencia de las anteriores crisis y del estado anémico de la UE.

Un estado que no solo persiste sino que se ha agravado, convirtiendo a las instituciones comunitarias en organismos estériles, inertes y sin iniciativa incluso ante situaciones como la actual pandemia.

Por no tener, la UE tampoco tiene una política sanitaria común. Y, pese a que no suma ni 70 años desde la fundación de sus predecesoras (CECA, CEE...) , su sistema inmunológico está bajo mínimos. Lo que la convierte en la candidata  para convertirse en víctima, no de la pandemia, sino de sus propios errores.

 

 

 

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