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Hong Kong: Del vértigo y la indignación a la desesperanza

La facilidad con la que cientos de jóvenes destrozaron las puertas de acceso y accedieron a la sede ni más ni menos que del Consejo Legislativo de Hong Kong ha generado interpretaciones que apuntan a que tanto Pekín como su Ejecutivo títere en la excolonia habría decidido que la Policía dejara hacer para horadar la credibilidad y el marchamo no violento de las protestas.

Sin descartar completamente esta hipótesis, convendría no olvidar que lo último que le interesaba al ejecutivo hongkonés era que se divulgaran imágenes de un violento desalojo de los manifestantes por parte de la Policía, lo que explicaría ese laissez faire policial.

De lo que no hay duda es de que entre los manifestantes, sobre todo entre los jóvenes, la indignación por los intentos de China de marcar el paso a Hong Kong está instalando una mezcla de indignación y desesperanza. Y es que el reloj para la definitiva integración (acordada en 1947) corre inexorable. China puede permitirse jugar con las prisas y decretar pausas. Ellos no.

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