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May espera que el hilo del que pende su futuro sea su tabla de salvación

Todos los elementos están conjurados para que la premier acabe resbalando del delgado hilo que le mantiene en Downing Street. A la dimisión de dos de los tres ministros pro-Brexit duro –a la que, significativamente, no se sumó Michael Gove– se une la convicción, compartida por la oposición británica y Bruselas, de que su días están contados.

Ella lo sabe y ha decidido aferrarse al hilo y retar desde la altura del abismo a unos y a otros. Condicionada por la esquizofrenia al tener que negociar el Brexit en nombre de los conservadores que votaron contra él, su decisión de proponer una «tercera vía» para las relaciones entre Londres y Bruselas obliga a la minoría tory que apuesta por el divorcio total de la Unión Europea a dar un paso al frente, abrir la caja de Pandora de una moción de censura en el partido conservador y arriesgarse a perder unas elecciones anticipadas.

Tampoco lo deben tener claro los laboristas de Jeremy Corbyn, atrapado en las contradicciones internas en torno al Brexit y que seguro prefiere que May se cueza en su salsa antes que apuntalar a un tipo como Boris Johnson.

Finalmente, y a cambio de conjurar una separación traumática, May espera que Bruselas acceda a ese nuevo «cheque británico» que deje a Gran Bretaña dentro-fuera de la UE.

Todos los elementos están conjurados pero May espera que, al colusionar, se anulen unos a otros. ¿Temerario? Seguro. ¿Imposible?

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