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Improbable, imborrable

Hay que desconfiar de las encuestas hasta el último minuto y ni siquiera hay que fiarse de los sondeos a pie de urna. Esa es una de las lecciones que han dejado las elecciones británicas. Pese a que el sistema electoral sea tan particular al otro lado del English Channel como para que los tories hayan logrado una aplastante victoria sobre los laboristas con apenas un 7% de votos más, nadie puede templar gaitas a la hora de valorar las predicciones de las agencias demoscópicas –las que realizan y cocinan las encuestas–, los medios de comunicación –los que en ocasiones, las encargan y, por qué no, dan el último toque antes de difundirlas urbi et orbi– y esas voces expertas que lo mismo se titulan sociólogos que politólogos. Según el eco que nos llegó a través del Bay of Biscay, estas eran unas elecciones muy reñidas y el resultado iba a estar muy ajustado entre los dos grandes partidos.

Pues resulta que no ha sido así. Y da la casualidad que el Gobierno de Iñigo Urkullu eligió la misma mañana del viernes para dar a conocer el informe realizado por el Gabinete de Prospección Sociológica de Lehendakaritza sobre previsión de voto para las elecciones a Juntas Generales de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa, así como para las municipales en las capitales de estos tres territorios.

Este GPS (son las siglas que utiliza oficialmente) no se limita a recoger las respuestas de la gente y calcular los correspondientes porcentajes. Hace mucho trabajo de cocina. El ejemplo más claro tiene como protagonista al PP, ya que utiliza un «corrector» que multiplica llamativamente la intención directa de voto a este partido para obtener la estimación de voto. Así, en Bilbo pasa del 2,0% de intención sobre el censo total al 14,5% del voto válido, mientras que la diferencia de EH Bildu va del 9,9% al 14,6%, y la del PNV del 29,6% al 38,0%.

No pongo en duda que algunos de los factores que maneja su «corrector» son lógicos y que GPS tiene una dilatada experiencia como para demostrar que la intención de voto a ciertos partidos no suele coincidir con los resultados obtenidos a posteriori en las urnas.

Lo que sucede es que en ocasiones afinan tanto que la sonrisa es inevitable. Porque no me digan que no resulta llamativo que, en Araba, el PNV se convierta en la primera fuerza, con un 20,7% de estimación, por delante de EH Bildu, con un 20,4%, cuando los jeltzales partían por detrás, con un 13,1%, de la coalición soberanista, con un 13,3%. Para seguir con el ejemplo del PP, se tiene que conformar con la tercera plaza pese a multiplicar su inicial 2,5% hasta el 19,7% estimado.

Y permítanme una sonrisa maliciosa al comprobar que eso se repite en Donostia, donde GPS coloca a la lista de Eneko Goia (26,0%) por delante de la de Juan Karlos Izagirre (25,8%) cuando en intención directa la exigua diferencia era la misma (0,2%) pero a favor del candidato de EH Bildu (15,0%) frente al del PNV (14,8%).

Es probable que el GPS de Lehendakaritza se aproxime a los resultados electorales que arrojen las urnas la noche del 24 de mayo mucho más que el ya famoso Navarrómetro de otoño, el que pronosticó que Podemos sería la fuerza con más escaños (18) en el Parlamento, seguida de EH Bildu (11) y de UPN (solo 8). Pero si tuviera que elegir entre seguir el recuento en directo entre un colegio electoral de Donostia o uno de Iruñea, lo haría en la capital navarra. Imagino que se abre una urna, se elige el primer sobre color salmón y se extrae la primera papeleta, y es la lista de… Podemos; me giro y contemplo la cara de los interventores del resto de candidaturas. Luego, los números irán bailando pero ese momentico será imborrable.

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