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Ser y transformarse

En la larga precampaña que precedió al pistoletazo oficial de la noche del jueves, comenzó antes de que llegaran las fechas navideñas, dos de los conceptos que más se han utilizado son los del «cambio» y el «ser». Además, se han conjugado de tal manera que han dado lugar a una frase tipo: «el cambio será … o no será». Para completarla, el lugar de los puntos suspensivos puede rellenarse con infinidad de variantes pero la mayoría se resumirían en esta: «el cambio será como yo quiero o no será»; también se puede pluralizar la primera persona «el cambio será como nosotros deseamos o no será».

Me resulta chocante que se utilice un mensaje que suena tan tajante y, en ocasiones, se haga con un tono hasta arrogante. Más cuando creo que «el cambio» es un lema electoral tan manido que, incluso, tiene cierto sabor a rancio. Lo que quiero decir es que, cuando una oferta electoral apunta realmente hacia una profunda transformación política, más que repetir el concepto, ha de presentar propuestas que nos hagan visualizar fácilmente un futuro diferente, con otras formas de gestionar las instituciones, con otras formas de fomentar la participación ciudadana, con otras formas de resolver los problemas de fondo, los del barrio y los de la economía global.

No obstante, no hay que perder de vista que realmente queremos que ese cambio se materialice a corto o medio plazo y que, por tanto, la transformación tiene que ponerse en marcha cuanto antes. Asumo que hay muchas cosas que ya están cambiando y que mucha gente acudirá a las urnas el día 24 con ilusión porque consideran que las cosas pueden cambiar más deprisa.

Por eso, tampoco me sorprende que otras opciones políticas centren su mensaje en frenar el cambio. Y que lo hagan sin tapujos, como se refleja en estas dos perlas que he encontrado en los discursos del arranque de la campaña.

La primera es de Andonio Ortuzar: «No es momento para experimentos, ni con gaseosa ni con personas porque hay mucho en juego: salir de la crisis, afianzar la paz y la convivencia y crear empleo». Curiosa oferta la del PNV, que pretende que todo siga igual para solventar todos los problemas a los que se enfrenta la sociedad vasca.

Pero aun así, sin «experimentos», el presidente del Euzkadi Buru Batzar no renunció a utilizar el famoso término: «El PNV es el único partido en Euskadi que tiene programa. Un programa para cambiar lo mucho que hay que cambiar y mejorar». ¿Lo han entendido? Es fácil: hay que dejar al partido jeltzale gobernar porque ellos son los únicos que saben qué cambios hay que hacer o, mejor dicho, no hacer, porque llevan haciéndolo así toda la vida.

Esta otra es del candidato del PP a diputado general de Bizkaia, Javier Ruiz: «Que no vengan aventureros a poner en riesgo el estado del bienestar». No obstante, Arantza Quiroga puso el contrapunto y, aunque no sean dados a «aventuras», pidió el voto para lograr «transformar el País Vasco y hacerlo competitivo desde sus ciudades y sus territorios, para evolucionar e innovar también la política y la gestión en el País Vasco, y para dejar atrás las ideas viejas del PNV porque las del PP son las del siglo XXI».

Ya ven, el PP quiere distanciarse tanto del PNV que sus dirigentes nos quieren hacer creer que ni siquiera comparten el mismo espacio-tiempo. Cosas de la física cuántica-electoral que deberían hacer reflexionar a Iñigo Urkullu para que deje de dar la matraca lastimosamente con eso de que cuando llama a Mariano Rajoy este no se pone al teléfono. Es normal, en La Moncloa no recibirán la llamada hasta dentro de un par de siglos.

Por mucho que unos y otros intenten ocultar su auténtico ser, está claro que su objetivo no es transformar esta sociedad, ni cambiar la forma de gestionar las instituciones, la forma de hacer política. Se ve que tienen miedo al cambio y que, además, van a usarlo para atemorizar a una parte del electorado, para intentar que el miedo al cambio guíe las papeletas en su camino hacia las urnas.

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