Txoli Mateos
Txoli Mateos
Soziologoa

Crítica y desconfianza

La ciudadanía crítica supone tener actitud e instrumentos para el debate y la participación y poseer, además, algunas virtudes cívicas, por ejemplo, la solidaridad.

Lo primero que tiene que aprender un estudiante de sociología es que ante cualquier afirmación sobre la sociedad siempre hay que preguntarse: ¿y eso quién lo dice?; porque las personas y los grupos tenemos intereses muy variados que nos llevan a presentar una imagen determinada de la realidad. La famosa frase «la religión es el opio del pueblo» resumiría esa idea de que hay que estar alerta ante el discurso de los que tienen cualquier tipo de poder porque, dicho rápidamente, esconden algún interés y nos están engañando. Siguiendo por ese camino, el pensamiento progresista ha desarrollado un concepto fundamental, casi totémico: la crítica. Si se nos preguntara cuál debería ser el objeto de la educación, posiblemente diríamos que formar ciudadanos críticos. O sea, mujeres y hombres que sepan discernir el discurso demagógico del análisis racional y que supediten el interés público al privado. Dicho de otro modo, la ciudadanía crítica supone tener actitud e instrumentos para el debate y la participación y poseer, además, algunas virtudes cívicas, por ejemplo, la solidaridad.

Hay quien teoriza que una de las principales bases de la crítica es la desconfianza hacia las instituciones. Sin embargo, una excesiva desconfianza se convierte, muchas veces, en un obstáculo para la auténtica crítica. Hablo de esa desconfianza irracional, que funciona a base de estereotipos y que nace, sobre todo, del miedo y de la ignorancia. Una frase que reflejaría esta actitud es esa de «todos los políticos son unos corruptos». Esa desconfianza no promueve la implicación de la ciudadanía ni posibilita el cultivo de las virtudes cívicas; pero, sobre todo, no ofrece ninguna alternativa: solo genera malestar. Creo que en la situación actual, en plena pandemia, constantemente se difumina la línea que separa la crítica de la excesiva desconfianza. Las situaciones complejas exigen discursos complejos que no caigan en el simplismo y que estén orientados a la búsqueda de soluciones. Alimentar sistemáticamente la desconfianza no es una actitud progresista, sino todo lo contrario.

Bilatu