Rosa VALVERDE | 1953-2015

Realismo figurativo, libertad y recuerdos de «Ayalde»

GARA|2015/02/17 00:00
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Rosa Valverde

Aun siendo muy joven, recibió clases de pintura en el taller que dirigía José Antonio Sistiaga, donde aprendió a dibujar «de forma libre». En 1975 se incorporó al grupo de pintores vanguardistas del momento junto con Llanos, Ameztoy, Goenaga y Zurriarain, con los que profundiza en el realismo figurativo.

La pintora Rosa Valverde fallecía este sábado en su casa de Azkaine justo el día en el que cumplía 62 años de edad. Precisamente en esa localidad labortana, Valverde afincó su taller de pintura, grabado y estampación, donde impartía clases no solo a niños, sino también a personas adultas. «Era una persona muy querida, porque tenía su propia metodología de enseñanza», señala el crítico artístico Edorta Kortadi, a quien acudimos para obtener algunos detalles de la larga trayectoria profesional de esta artista.

Hija del pintor Antonio Valverde «Ayalde» y miembro de una familia arraigada al mundo artístico -era hermana del músico Antton Valverde y del también pintor Javier Valverde-, comenzó a dar sus primeros pasos de la mano de su progenitor. Aun siendo una niña, tomó sus primeras clases de pintura en la Academia Libre de los Jueves, dirigido por José Antonio Sistiaga. «En sus clases aprendió a dibujar lo que sentía y lo que veía, en total libertad y sin ningún tipo de límite artistico», señala Kortadi. Precisamente ese estilo y esa forma de adentrarse en el mundo artístico dejó un gran poso en la trayectoria de la pintora.

En 1975 pasó a formar parte del grupo de pintores vanguardistas del momento junto con José Llanos, Vicente Ameztoy, Juan Luis Goenaga y Ramón Zurriarain. Valverde era la integrante más joven y la única mujer que participó en el grupo. «Después de Grupo Gaur, estos pintores terminaron con la era surrealista y abstracta y retomaron el realismo, más precisamente, el realismo figurativo -dice Kortadi-. En las pinturas de Rosa, las formas se ven tal cual las observa, aunque siempre con un punto de vista onírico, como si de un sueño se tratara», añade.

La primera exposición individual de Valverde llegó un año después, en 1976, en el Museo San Telmo de Donostia y en la UNED de Bergara. Siguieron varias individuales en 1978 en Oiartzun y en Donostia y participa, asimismo, en Arteder 78 (Bilbo) y en la colectiva «80 años de pintura vasca» organizada en 1979 por el Museo San Telmo en Donostia y Baiona. El mismo año realiza ilustraciones del libro de Amaya Lasa «Nere paradisuetan». En 1980 expuso una muestra individual en el Espai 10 de la Fundació Joan Miró de Barcelona y en los años siguientes participó en otras colectivas de gran relieve. En los últimos años, su obra artística adquirió un estilo «más naif», según afirma Kortadi, ligando la pintura con la literatura -a través de unos cubos en los que introducía objetos cotidianos- e incluso acercándose a la escultura, con figuras que colocaba en el jardín de su casa de Azkaine.