Eartha KITT | 1927-2008

Se apagó el ronroneo sensual de Catwoman

GARA|2008/12/27 13:46

El ronroneo de Eartha Kitt, autoapodada «gatita sexual», se apagó por siempre a los 81 años, tras seis prolijas décadas de carrera que le permitieron desde bailar en los escenarios de Broadway, hasta hacer de Catwoman en la serie de televisión «Batman» de los años 60. Esta versátil cantante y actriz estadounidense, ganadora de dos premios Emmy y nominada a otros tantos Tony y Grammy, murió a causa de un cáncer de colon que le fue diagnosticado hace dos años.

Nacida en una plantación de algodón de Carolina del Sur en 1927, hija de una india cherokee y un hombre blanco, Kitt tuvo una dura infancia. A los nueve años se trasladó a Nueva York para vivir con una tía en Harlem, después de que el segundo marido de su madre la rechazara por tener la piel demasiado clara. Sin embargo, allí no le fue mucho mejor y, tras escaparse de casa, llegó a dormir en el metro y en edificios abandonados. La vida de esta atractiva mestiza cambió drásticamente cuando se incorporó a los 16 años a la compañía Katherine Dunham y recorrió los escenarios de toda Europa. En 1948 participó por primera vez en una película («Casbah»), aunque «la mujer más excitante del mundo», según Orson Welles, también trabajó en «St. Louis Blues» (1958) junto a Nat King Cole, entre otras.

En 1968 fue invitada a un almuerzo en la Casa Blanca, donde criticó la guerra de Vietnam, al asegurar que Washington mandaba allí «a lo mejor del país para que (los soldados) sean disparados y mutilados». Se dice que, a partir de entonces, Kitt fue vigilada por la CIA y boicoteada en los medios estadounidenses, lo que supuso un duro golpe para su carrera e hizo que trabajara en el extranjero durante años, hasta su regreso a Broadway en 1974, a invitación del entonces presidente Jimmy Carter. De vuelta en EEUU cosechó grandes éxitos.

Kitt hablaba cuatro idiomas, pero cantó en al menos siete y en todos ellos con amplísimos registros, que le permitían incluso imitar con gran sensualidad el silbido de una serpiente, o el ronroneo de un gato, algo que le confirió fama mundial.