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Tropa do carallo, el nuevo grupo de Evaristo Páramos

«Entra, entra! ¿Te da vergüenza o qué?». Es jueves, son las 19.00, y nos colamos en un local de Agurain. Allí se encuentra Evaristo Páramos, el rostro del punk en Euskal Herria, y su nueva Tropa do Carallo: Abel Murua, Iker Igeltz ‘Tripi’ y Alberto Salgado. Último ensayo antes de entrar a grabar un disco que verá la luz en noviembre. «Y si eso, haremos vinilos para las viejas glorias y hasta casetes. Sí, porque lo vamos a hacer autoguay. Después de todo lo que hemos dicho de las casas de discos, solo falta que ahora vayamos a donde uno a decirle ‘¡hola!’. Sí, sansejodió. Y a gusto. Sin casas de discos se está muy bien. Menos gente con la que discutir», comenta Evaristo.

El local tiene todo lo necesario para preparar un disco. Al fondo, un pequeño cuarto de ensayo en el que se agolpan la batería de Tripi, la guitarra de Salgado y el bajo de Murua y, a la entrada, una buena mesa, una cocina, un frigorífico e incluso una parrilla. Perfecto para estar entre amigos. Tras dejar los instrumentos, nos sentamos alrededor de la mesa. Pero antes de comenzar la entrevista, speed de pobre. «Si no hay esto no hay entrevista. Así de fácil. No hay más hostia», sentencia Tripi. Speed de pobre. No desvelaremos la receta pero, a pesar de su nombre, no contiene nada ilegal. «Esto es bueno para quitar la resaca. No hay resaca. Pero lo hemos hecho porque queríamos y vosotros estabais aquí. Mucho de esto puede ser un problema», explica Evaristo, al parecer, desde la experiencia.

El cantante de Agurain tiene un nuevo proyecto. Tras el fin de Gatillazo y el regreso de La Polla Records (LPR) condicionado por la pandemia, llega Tropa do Carallo. Tripi ha sido el inseparable acompañante de Evaristo desde los últimos tiempos de LPR, donde también estaba Murua, con quien, tras muchos años, se reencontraron para el regreso de la mítica banda punk. Salgado, que ha trabajado durante mucho tiempo junto a Murua, completa el cuarteto. «Con este hombre yo no había estado nunca. Pero bueno, es majo», bendice Evaristo.

Antes de profundizar en el nuevo grupo, recordamos el accidentado regreso de LPR. En marzo de 2019 anunciaron la vuelta, con un caluroso recibimiento en forma de sold out allá donde tocasen. «Sí, pero tampoco le hicimos… Le hicimos el caso oportuno. Es el viejo estilo. Sabíamos que, joder, se ha vendido un montón, todo en Bilbo en un día y al día siguiente en menos tiempo. Pues guay, y punto. A ensayar. Habrá que tocar delante de toda esa peña. Eso es todo. No podemos dar más vueltas y menos a estas edades», explica Evaristo, que lleva la voz cantante durante toda la entrevista.

Sin embargo, la pandemia trastocó los planes. «Actualmente quedan tres festivales. Los tres en diciembre. Gasteiz, Donostia y Madrid. Pero bueno, existen ciertas dudas al respecto. Lo que ha hecho la gente ha sido aplazar los festivales para este año en el que todo iba a ser maravilloso. Y el año este pues no ha sido maravilloso. Y algunos los han aplazado para 2022 y otros los han suspendido. Para LPR aplazarlos es como si los suspendiesen. Ya es mucho aniversario. Lo dejamos. Lo que no se haga este año no se hace. Eran diecisiete o así y quedan tres, que están en el alambre. Es como yo lo veo. Te diría mis preferencias pero tenemos un contrato».

Promete no sorprender. Y, sin demasiado tiempo para la nostalgia, llegará Tropa do Carallo, con citas programadas para enero en Gasteiz y Altsasu. «Pues nada. Rockanrolles. Un poco aceleradicos. No sabemos ni qué estilo es. ¿Punk le puedes llamar? Sí. Son canciones igual un poco más tranquilas que el hardcore, diría yo. Lo único que nos importa es que a nosotros nos gustan».

Han tenido tiempo para prepararlo. Comenzaron a ensayar en enero «muy suelto, sin militarizar nada». El público ya conoce a Evaristo y sus distintos proyectos. Promete no sorprender. «Es que al hacer las letras a mí no se me ocurren muchas más cosas». Unas letras que, sin embargo, funcionan a través de generaciones. «Ellos verán lo que hacen. Cuando te dice la gente ‘es que La Polla ha educado a muchas generaciones’… Joder. No te conozco de nada. Vale, no sé. Entiendo la movida, entiendo qué significa, pero no. ¿Cómo era? ‘Yo he crecido contigo’. Joder, la de leche en polvo que hemos pagado. Sin darnos ni cuenta. No sé, a nosotros nos molan las letras y nos mola hacer las cancioncicas y el rollo. Y bueno, tampoco somos gilipollas, ya nos damos cuenta de cómo va la cosa. Pero no es asunto nuestro».

Tropa do Carallo es uno de los cientos de nombres que han barajado durante estos meses. «Estos, yo no tengo Whatsapp, pero aquí se hicieron un grupo y cada dos días le estaban cambiando el nombre. Nos hemos llamado de montones de maneras. En realidad, quieres que te diga qué es Tropa do Carallo. Es como gentuza, vaya peña, menuda cuadrilla, si lo traduces literalmente, ejército de mi chorra. Y en realidad somos ladrones de canciones».

«Gira» por Estados Unidos. La promoción de un nuevo grupo o un disco es una herramienta particular para cada banda, que viste la creación del trabajo con la literatura que desea. Esta es la de esta tropa. «Hemos estado en EEUU. Nos hemos colado con un pase de movilidad falso y hemos ido por dieciocho estados. Son mogollón y ya nos cansábamos de estar allí. Hemos ido, veíamos grupos por allí y miramos a ver cómo tocan los chavales, y la mejor canción que veíamos, ¡taca! Cogía el Alberto con el lorito y ¡pa! Las grababa y para casa. Y tenemos que descubrir ese secreto. Hemos hecho eso. Tenemos dos nuestras que son en galego, porque es lo que se habla por aquí. En el disco vamos a respetar los nombres de los grupos a los que les hemos robado las canciones, así para que se sepa. No somos ladrones así a escondidas».

Ladrones de canciones, pero orgullosos. «Sí, sí. Nosotros robamos a la puta cara. Con un poco de suerte el año que viene igual nos vamos a Inglaterra. A ver qué se cuece».

Tras este primer atraco, tocaba preparar las canciones. En el último ensayo, todavía había lapsus con algunas letras. «Claro, porque es la hostia. En canciones de La Polla me ha pasado en mogollón de festivales, que se me han ido cachos que llevaba cantando mogollón de años. El que se dé cuenta que se dé. A mí me da mucha mala hostia y ya me doy cuenta yo».

En los últimos meses nada ha escapado a la pandemia creada por el covid-19. Tampoco la música. Y son muchos los músicos o grupos que han compuesto temas sobre la crisis socio-sanitaria. Evaristo también le cantará. «Así en lo que nos afecta un par de ellas ya hay. También en EEUU había unos chavales muy espabilados que se llamaban Transpiranóicos. Sí. No me acuerdo ahora de qué pueblo eran, pero lo tenemos apuntado. Pero me acuerdo de los chavales porque tenían unos nombres muy curiosos: Sudoroso, Sudorífico, Sudadera y Melasuda. Y tocaban un poco el tema de la pandemia. Y en alguna más también tenemos. ¿No hay alguna en la que decimos la palabra negacionista? Es que negacionista a mí me suena a todo el tema de los campos de concentración. No acaba de encajarme ahora. No sé exactamente qué significa. Yo soy un tío muy positivo y no tengo nada que ver con Miguel Bosé. Nunca». Pudimos confirmar que a este último no le han robado ninguna canción. «No hemos tenido interés. Igual al no ser el tío norteamericano».

Evaristo se muestra crítico con la actitud que la izquierda ha tenido frente a la crisis sanitaria. «No entiendo cómo tanta gente de izquierdas está de acuerdo con las multinacionales farmacéuticas. No entiendo. No me acaba de entrar en la cabeza. Porque las multinacionales farmacéuticas son maaaaalas. ¿Vale? Son muy maaaalos. Son malas personas, malos accionistas, malos millonarios, malos para todo. Controlan gobiernos, controlan sobre todo el área de la medicina, que es un poco lo que les va bien. Y le mezclas eso con las químicas. Farmacéuticas. Ya solo el nombre suena que truena. Y son malas personas. Entonces no sé cómo puedes confiar en esa gente. Yo no me fiaría. Así de primeras. Tú haz lo que quieras».

Y señala el papel jugado por lo medios de comunicación y las redes sociales en el relato pandémico. «Luego ponemos, como poníamos en el punk, a gente que le falta una patatica para el kilo como ejemplo del punk. Y con esto, lo mismo. Ponen de ejemplo a uno que está con mala voz, que está atontado y lo machacan. Y no puede ser. Y luego vienen todos los coristas y los palmeros de Internet, que un día saben de esto, otro día saben de volcanes… Todo el mundo sabe mogollón de cosas hoy por hoy. Yo no tengo ni puta idea. No sé de qué coño me hablan».

Dieciocho temas. Habrá que esperar para conocer más detalles sobre las canciones de este grupo «o trampolín», como lo define Murua entre risas. «Al principio íbamos a hacer un montón de ideas de una sola persona pero, al juntarnos varios, pues no ha sido así. Había unas ideas del Tripi por un lado, bastante buenas, otras bastante buenas muy del Alberto y el Abel, y luego hay cuatro chorradas mías que yo creo que son las peores. Estos hacen canciones como más enteras. Tienen más empaque, más cuerpo. Más serias, son capaces de pasar de dos minutos, yo soy incapaz. En cuanto, paso me trabo, me tropiezo. Pero hay algunas canciones superbuenas que ha hecho aquí la cuadrilla».

Mientras la mayoría de grupos tiende a publicar discos con menos canciones o incluso singles, Tropa do Carallo se presentará en sociedad con dieciocho temas. «Ha habido tiempo», explica Murua a lo que Evaristo puntualiza que «de cinco minutos no hay ninguna tampoco». El proceso de producción tampoco tiene secreto para Tripi. «Como se hacen las putas canciones. Tocar, tararear y luego este (Evaristo) ha ido metiendo las letras». «Sí, yo al principio casi ni venía al local», cuenta el cantante. «Estos venían aquí y se aburrían. E hicieron unas canciones de puta madre para no aburrirse. Así es».

¿Por qué seguir haciendo canciones? Ahí entran los cuatro. «Te gusta hacer canciones y tocar. No para evangelizar a nadie, vamos», apunta Murua. «Y llevamos toda la puta vida», añade Tripi. También interviene Evaristo. «Nos gusta tocar para la gente y que guste. El que diga lo contrario, miente. No pensamos, no hacemos para gustar. Habrá X gente a la que le gustaba La Polla y otros grupos aledaños que no le guste lo que hagamos. Pero es asunto suyo. El gusto no se discute».

Y es que la música tiene algo que los mantiene enganchados. «Tienes la suerte de ir en el coche tarareando una melodía, ir pensando en una canción, bajar y verla. Eso es la hostia. Piensas en una cosa, bajas y la ves. Eso es la hostia», señala Salgado, y Evaristo lo corrobora. «Eso es lo máximo. Al principio, yo me acuerdo, empezamos a lo tonto. Era imposible que hiciéramos nada. Pero queríamos y lo hicimos. Y lo que dice el Albert es la hostia. Todavía me pasa. Mientras estás haciendo tus canciones, los demás grupos no existen. Estas venga y venga darle vueltas. Y te pones a hacer una letra que no te ha gustado y estás toda la noche dando vueltas como un gilipollas. Y a la mañana tienes que ponerle otro cacho ahí porque ese no era… Esas tonterías de artistillas que tenemos».

El punk y la muerte. A lo largo de la entrevista hay varias referencias al punk. Un estilo que, quizá, no viva su época dorada pero que sigue funcionando, tal y como demostró el regreso de LPR. Y para el cantante de Agurain, sigue vigente. «Bueno, en cierto sentido el mundo cada vez está peor. En cierto sentido, no. En todos. Y luego la definición de punk… A mí me gusta porque sigue siendo indefinible. En los primeros tiempos había gente que levantaba el brazo derecho para ver si llovía (saludo nazi) y también estaban entre nosotros, no nos olvidemos. Y había muchas más cosas. Aquello era un revuelto que tenía su interés. A veces era peligroso y violento. No solo cuando tocabas. También cuando ibas a ver un festival. Luego llegaba la Policía y completaba la ensalada. Y ahora. Aunque no le llamen punk o lo que quieran, de alguna parte tiene que salir o está saliendo. De momento, aunque sea un poco penoso, en el botellón de vez en cuando hay ciertos enfrentamientos».

A pesar de ello, entiende que no es lo mismo ser punk hoy que hace 40 años. «La vida ha cambiado en un sentido amplio. Nos olvidamos del rollo individual que tiene el punk. Ese tío agobiado, comiéndose el coco. Que los hemos visto. Los hemos visto morir. Eso también era el punk. También estábamos con ellos. Y bueno, nosotros también hemos tenido raticos en los que hemos podido ir para allá. Unos raticos autodestructivos. Ahora mismo no lo haría. No haría autodestrucción. Ya nos autodestruimos bastante. Ya no hay prisa. La muerte es algo seguro, por el momento, mientras no inventen algo que nos sustituya. Un robot o algo. Entonces para qué vas a pagar por algo que te dan gratis».

El ‘No Future’ dentro del punk fue más que un lema cantado por los Sex Pistols. Jóvenes con un futuro negro, sin empleo, ni acceso a la vivienda, se rebelaban contra lo establecido y ese futuro ideal que se vende a las nuevas generaciones. Simplemente, había gente que se negaba a seguir ese estilo de vida. No parece que esa frase tampoco haya pasado de moda. «Sigue sin haber futuro ¡eh! Es también, no sé, voy a parecer un estudiado. El final del imperio romano igual duró 300 años. En mi opinión estamos en el final de este tipo de capitalismo. Le llaman sistema de mercado. ¡Mira! Eso me recuerda que hay uno de los grupos que les hemos robado una canción que se llama Sistema Médico Decimal, que podría entroncar con el tema de la pandemonia».

Lo dicho, la vida ha cambiado en un sentido amplio, pero los problemas persisten. En ese punto, ponemos sobre la mesa la frase que el navarro Ben Yart dejó en una entrevista en GARA. «El punk no ha muerto, porque no ha tenido huevos ni para morirse». «Los chavales vienen punkis», ríe Evaristo. «Nosotros teníamos hasta camisetas. ‘El punk no ha nacido’. Tiene que venir, todavía. Y ahí tienes, un montón de años de punk y sin nacer. No sé, dale el nombre que quieras. ¿Ellos hacen trap? A ver cuándo tienen huevos para morirse. Sin más, yo te digo una cosa, no para él, en general, porque no le conozco y no voy a hablar cosas con un tío que no conozco, pero así como tema de debate, todo lo que es moderno ahora dejará de serlo. De repente los modernos ya son antiguos. Todo lo que llega morirá y llegará otro día. Y saldrán otros que dirán no se qué del trap. A lo mejor este chaval sobrevive y cuando tenga 53 años, a ver qué ocurre. No le tengo ningún mal deseo porque me parece muy bien lo que ha dicho. Aquí, en Agurain, hay un grupo que dice ‘La Polla Records hil da!’, los Dupla. Y salí cantando con ellos. Pues claro ‘hil da’. La resucitamos un poco para darle una vuelta a caballo como el Cid Campeador. ¡A ver si van a hacerlo todo los españoles!».

En riesgo de trabajar. Con 61 años bien cumplidos, Evaristo no tiene intención de bajarse de los escenarios, a pesar de haber entonado en ellos cientos de veces el ‘No quiero ser un Rolling Stone’. «Así es. Por la boca muere el pez. Sí, pero es que es la hostia. Luego sale la ocasión de hacer más canciones… Y no me creo tampoco ser un Rolling Stone. Llevo una vida apañada. Corro riesgo de tener que ir a trabajar antes de morirme. Me cago en todo lo que se menea».

Y reflexiona sobre el mercado laboral. «No me gusta trabajar para otro. Lo que es la definición y así del trabajo la entiendo, la acepto y, si hay que currar, pues en mi caso no tengo ninguna especialidad, pero transportar objetos de un punto A a un punto B todavía puedo. Si me dices, ‘lleva estos ladrillos para allí’, yo te los llevo. Sin ningún problema, ¿vale? Las horas que quieras, ¿vale? Pero que sea para nosotros. No para un desgraciado que está ahí chupando la plusvalía. Y, si no me quedan más cojones, tendré que agachar el lomo, la cabeza y meterme en algún curro. Es lo que toca. Pero tengo el currículum bastante limitado. Trabajos anteriores yo pondría un empate».

Por el momento, seguirán haciéndolo sobre un escenario. En tropa.