«Si sabes lo que buscas, no hay viajes imposibles»
Flavio Ferrari Zumbini, exasesor en grandes grupos industriales y exjugador de póker profesional, ha dado la vuelta al mundo en los últimos ocho años y solo le faltan por conocer tres países. Ha estado en lugares «extremos» como Corea del Norte y considera que «el turismo debería ser reinventado».

Aunque pueda parecerlo, esta no es una historia de redención. Se trata de la aventura de un italiano de 45 años de nombre Flavio Ferrari Zumbini y que desde 2014 está dando la vuelta al mundo.
Tan solo le faltan por visitar Canadá, Corea del Sur y las islas Marshall para completar su misión y entrar en el selecto grupo de las 216 personas que han visitado los 193 estados de todo el mundo reconocidos oficialmente.
Originario de Roma, cuenta con las licenciaturas de Derecho y Economía, y ha trabajado como asesor en grandes grupos industriales, para hacer un paréntesis muy mediático como jugador de póker profesional. En Italia, el Texas Hold'em vivió un momento de gran apogeo entre los años 2007 y 2012, cuando movía ingentes cantidades de dinero. En esa época, Zumbini no solo ganaba, sino que era uno de los rostros mas conocidos del póker, con su voz meliflua y, sobre todo, sus jerseys de rombos de mil colores.
Cuando esa época floreciente del póker terminó, Zumbini decidió destinar el dinero ahorrado a dar la vuelta al mundo. Pero no lo hizo de la manera más habitual, sino que decidió realizar una carrera de ‘turista extremo’, visitando países lejanos e incómodos, e involucrándose en tareas humanitarias.
Autoirónico y muy culto, no es la típica persona que solo habla de cartas o de ruletas. Este ‘embajador desempleado’, como se define a sí mismo, atiende a NAIZ en Roma antes de salir hacia las islas Marshall, uno de los últimos destinos que le quedan por conocer.
¿Cuáles han sido sus últimas visitas antes de recalar en Roma?
Acabo de visitar Siria y antes estuve en Surinam y Venezuela.
¿Cómo ha sido su visita a un lugar como Damasco y sus alrededores?
Aunque pueda resultar difícil de creer desde el punto de vista de un ‘occidental’, la vida allí no está mal, no es un lugar peligroso. Igual resulta cínico decirlo, pero al haber ganado un dictador, todo está tranquilo. Una vez que se cuenta con el permiso para la estancia, no hay problemas. También hay muchas banderas rusas en los balcones y muchas ‘Z’.
Tan solo le faltan tres países para completar la vuelta al mundo.
Canadá, Corea del Sur e islas Marshall. A las Marshall tengo que ir, aunque no haya nada, pero lo que se dice nada, que ver. Están en medio del océano Pacífico y hay que coger un vuelo de cuatro horas desde Hawai, que para llegar a ese lugar ya hay que hacer un viaje interminable.
¿Cómo empezó esta odisea viajera digna de Magallanes o Elcano?
En 2014 no estaba casado, no tenía hijos y había ahorrado bastante dinero gracias a mis trabajos anteriores. Entonces me dije «venga, preparo un presupuesto y me voy a ver el mundo durante un año». Sin embargo, en ese momento todavía tenía una mentalidad de turismo básico y masivo. Quería ver los mejores lugares, ser mimado por las agencias y pasarlo bien. Pero después de doce meses viajando por sitios ‘de moda’, me di cuenta de que había gastado solamente un tercio de mi presupuesto. Entonces fue cuando pensé en seguir y visitar otros lugares más ‘extremos’. Finalmente, el presupuesto inicial me lo he gastado en treinta meses.
«Hay países donde la manera de ver el mundo que siempre has tenido se va literalmente a tomar por saco»
Ha visitado lugares como Corea del Norte, Afganistán, la ya comentada Siria, Siberia o el África profunda.
Exactamente, lugares que no son nada turísticos en sí mismos, pero que son partes muy importantes del mundo y que, al final, tampoco resulta tan difícil poder visitarlos. Aunque, eso sí, como con las medicinas, existen efectos adversos. Por ejemplo, para Corea del Norte, lograr el visado cuesta tiempo y papeleo. Y una vez que estás allí, no eres libre de ver realmente lo que quieres, ya que hay una especie de guía que no te permite ver los sitios más impactantes. De todos modos, ser italiano, o europeo, ayuda mucho, ya que te consideran ‘amigo’. Si yo hubiera sido, por ejemplo, israelí, no me habrían aceptado en una veintena de países.
Sus viajes también tienen una faceta solidaria. Por ejemplo, destaca su ayuda para que mujeres de Afganistán participasen en un maratón.
Menos mal que lo hicimos en 2019, antes de la retirada del Ejército americano. Además, los ingleses nos ayudaron mucho para el desarrollo tranquilo de la carrera. Gracias a una suscripción por internet, conseguí reunir 6.500 euros y ese dinero lo entregué a la ONG Free to Run para que 56 chicas tomaran parte en un maratón. Creo que para ellas fue uno de los días más felices de su vida. Solamente el hecho de poder salir a correr vestidas ‘normalmente’, sin que nadie les lapidase y sin ningún ‘cuidador’ a su lado, fue un resultado inmenso.

Mucha gente no es plenamente consciente de cómo puede ser vivir en un lugar como Afganistán si eres mujer.
No, hay que verlo allí, pero no solo esto. En general, hay países donde la manera de ver el mundo que siempre has tenido se va literalmente a tomar por saco. Algunos gestos normales en Italia o en Europa son escandalosos en Asia o en África, donde la religión tiene un peso enorme. Sobre Afganistán, además, hay una mala percepción de la realidad: cada atentado en Kabul se convierte en noticia de portada en Europa y en Occidente en general, pero cada vez son menos. Y mientras tanto, hay estados africanos donde las masacres son cotidianas y nadie habla de eso.
¿El tipo de turismo que practica es ‘sostenible’?
Hay que ver qué se entiende por ese término. Si me dice que cogí demasiados aviones, respondo que sí y el avión contamina mucho. Pero, al mismo tiempo, en cualquier lugar en donde estuve, intenté contribuir a la sociedad comprando, por ejemplo, productos locales, visitando sitios más aislados y ‘verdaderos’, hablando, por ejemplo, con campesinos chinos o pastores mongoles. Todo eso enriquece mucho más que un crucero.
Me he dado cuenta de que el turismo, en la mayoría de los casos, es un decorado preparado artificialmente, incluso cuando parece la cosa más natural del planeta. En Etiopía, un lugar encantador, muchos van a un safari y a hacerse una foto con los ‘salvajes’ de las tribus, que, en realidad, no viven por donde pasan los turistas. Van allí solo para sacarse unas cuantas fotos, recoger dinero y volver a sus casas, que a veces están muy lejos. Sin embargo, el turista medio cuelga en sus redes sociales la foto explicando, como un papagayo, que «ha estado en Etiopía». Yo le diría que ha estado en Etiopía, pero como los que van a Estados Unidos a Disneyworld. Es el hedonismo del turista.
¿En cuál de sus viajes le sorprendió la pandemia del covid?
Estaba en Mogadiscio, la capital de Somalia y uno de los lugares más peligrosos del mundo. Tuve que marcharme en cuestión de días, aunque la gente de allí me decía que tenía que quedarme en el hostal donde me albergaba. Paradójicamente, en marzo de 2020, Somalia era un lugar más ‘saludable‘ que Italia y Europa, donde se estaba propagando el covid.
El confinamiento por la pandemia lo aprovechó para recoger parte de sus experiencias viajeras.
Empecé a escribir una docena de libros de estilo muy personal y que no tienen ninguna ambición de ser ensayos académicos. Los puse a la venta en formato digital y tuvieron mucho éxito, con miles y miles de copias vendidas. En cuanto termine, me pondrá las pilas para escribir un libro más completo.
«Creo haber pasado 1.200 horas volando en avión, es decir, siete semanas y todavía más tiempo en todo tipo de gestiones para viajar»
Para la Agencia de Turismo Zumbini, ¿cuáles serían los destinos imprescindibles?
Por una cuestión cuantitativa, sin duda China e India, ya que en esos dos países vive casi la mitad de la población mundial. Luego, si uno quiere hacer turismo masivo, emborracharse y hacer parrandas, no lo discutiría porque viajar es también diversión. Pero si hay una curiosidad por conocer el mundo, por ver realmente cómo son las cosas, insisto: China e India, fuera de los circuitos típicos y con una guía local. Y después, ya Namibia e Irán.
¿Irán?
Sí. Si eres mujer, puede parecer bastante extraño, porque tienes que estar con velo y todo. E igualmente resulta extraño saber que se vive en una teocracia en la que los gobernantes creen hablar con Dios. Pero es también un lugar ultra-seguro. Nadie te robará la cartera por la calle, porque se aplica la Ley del Talión y, si te pillan, te pueden cortar la mano, literalmente. No estoy a favor de esa ley, pero es un obstáculo para los crímenes. Y cuenta con lugares que visitar preciosos e incomparables, restos de una sociedad milenaria como la de los persas. No hay ningún riesgo real siempre que no te busques problemas, por ejemplo, quemando un Corán en público. ¿Pero cuántas guías turísticas de Irán hay en el mundo? Una cantidad muy escasa. En contraposición, en Roma, mi ciudad, tenemos el Coliseo, San Pedro, la Fontana de Trevi, pero cuidado en el metro con tu cartera.
¿Y resulta fácil llegar a Irán?
Sí, mucho más que a otros países cerrados por razones sanitarias o porque es imposible lograr un visado, como, por ejemplo, Guinea Ecuatorial, donde hay una dictadura feroz desde hace 40 años. La verdad es que en el turismo, si sabes lo que vas buscando, hoy en día se puede llegar a cualquier sitio.
¿Le parece factible seguir su ejemplo?
Sí, pero el que quiera hacerlo, tiene que saber algunas cosas: tendrá que aburrirse mucho, porque mis viajes han sido a veces el resultado de horas y horas de espera en las embajadas, a veces recurriendo a corruptelas para acelerar las gestiones. Creo haber pasado 1.200 horas volando en avión, es decir, siete semanas enteras, y todavía he dedicado más tiempo a llegar a los aeropuertos, a veces escoltado, pasar los controles, el pasaporte y los visados. No ha sido fácil, pero resulta mucho más estimulante que un viaje en el que te encuentras todo hecho. Otros consejos serían tener en cuenta siempre si hay elecciones o tensiones en un determinado lugar y, una vez allí, no llamar la atención con la vestimenta o aventurándose en cotilleos sobre política.
¿Sus ideas de 2022 sobre este tema son muy distintas de las de 2014?
He cambiado muchísimas opiniones, pero estoy dando todavía más valor a la suerte que tengo de poder vivir no digo en Italia, sino en Europa y en Occidente en general. Sobre todo he cambiado yo, porque llegué a un punto de mi vida en el que veía que no estaba contribuyendo al bien de la sociedad y, por contra, ahora creo ser más rico anímicamente.
Cuando alcance su meta, ¿cómo cree que se sentirá?
Con un enorme bajón. Mejor no pensar en ello.

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